LAS ALEGRÍAS QUE TENEMOS DÍA A DÍA

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Cada Vez que pasa una Teletón, pongo mucha atención a los testimonios de familias que día a día luchan por sacar adelante a su familiar discapacitado. Y pienso; hay que personas que la vida les toca muy dura…..y nosotros nos quejamos, entonces me comprometo conmigo misma a decir cada día Gracias Señor por todos los momentos que me regalas, por mi familia, por mis hijos, por mi esposo que tanto amo. Por tener un trabajo maravilloso y por que soy feliz.

Si concentro mis energías en los problemas, las deudas, el transantiago que no pasó, en un mal rato, etc., sin duda no seré capaz de ver, desde la vereda del frente, todo el resto de momentos llenos de felicidad y esperando para ser disfrutados.

Quiero a través de estas líneas hacer un llamado a llenarnos la vida de sonrisas, a experimentar cómo al ir riendo por las calles, las miradas de otras personas se transforman en otra sonrisa. Cada uno de nosotros tenemos la capacidad de hacer un cambio, por pequeñito que sea, si logramos que dos o tres personas nos miren y sonrían, ya somos parte de un gran cambio, hacia lo positivo, hacia una vida más alegre.

Hay personas que la vida les toca muy dura y son ellos quienes nos dan una gran lección, nos enseñan a tener la otra mirada, el esfuerzo se transforma en recompensa, la constancia en resultados y la fortaleza en riqueza. No se necesita más.

Cada día lo podemos transformar en algo bueno, cada tristeza, cada problema, cada proyecto que no resultó;  es un aprendizaje, una lección que nos da otra luz, otra oportunidad de crecer, de reír y de transformarnos para ser mejores personas.

Muchas veces las cosas no resultan como queremos, pero lamentarnos, no nos da una solución, no nos entrega una respuesta. Y como dice un importante texto bíblico, “Todo tiene su tiempo y un momento para hacerlo bajo el cielo”.

Hoy, con estas palabras quiero ser parte de una sociedad más feliz, que sin importar, las experiencias que cada uno tenga, seamos capaces de sonreír, sólo por sonreír y contagiar alegría con nuestra mirada;  porque podemos elegir. Yo elegí ser feliz y quiero contagiar alegrías.

Como dice nuestra querida Violeta Parra: “Gracias a la vida, que me ha dado tanto”.

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