Las instancias de colaboración entre profesores mejoran su desempeño

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Diplomado en Gestión y Administración de Instituciones Escolares 2017Lorena Guzmán H. El Mercurio

Las reuniones informales son las más apreciadas por los docentes para aprender de sus colegas, ahí mejoran su trabajo.

En un principio buscaron aplicar experiencias de afuera para fomentar la formación de los profesores, pero no obtuvieron buenos resultados, cuenta Evelyn Huanquilén, jefa de la Unidad Técnico Pedagógica de la Escuela Chanquín, en Toltén, Región de la Araucanía. Pero luego decidieron planear sus propias actividades.

“Con el trabajo colaborativo nos dimos cuenta de que enfrentábamos los mismos problemas, pero al hacerlo solos nos costaba encontrar la solución”, asegura. Hoy han aumentado la eficiencia en su trabajo, en la resolución de problemas y en la relación con los apoderados. Todo fruto de experiencias oficiales e informales de capacitación.

El poder del intercambio

Justamente, medir qué tan importante es el ambiente o contexto escolar para fomentar las oportunidades de aprender unos de otros, desde la perspectiva de los propios profesores, es lo que busca medir un proyecto Fondecyt.

Luego de 1.025 encuestas en las regiones Metropolitana, del Biobío y La Araucanía, más ocho estudios de caso, las conclusiones son bastante parejas. Para la mayoría de los profesores encuestados lo que tiene más valor son los intercambios informales entre ellos. Planificar clases, pruebas o resolver problemas con alumnos son las principales temáticas.

“Lo que favorece estos intercambios son culturas administrativas de gestión más horizontales y con menos presencia de la dirección”, explica Beatrice Ávalos, investigadora jefe del CIAD (Centro de Investigación Avanzada en Educación) y una de las integrantes del equipo.

Otro resultado relevante es que en aquellos establecimientos con gran matrícula se les dificulta a los profesores tener espacios de encuentro por la gran carga de trabajo. “Aún así, encontramos casos donde los docentes decidían compartir la mesa para poder interactuar”, dice.

Aunque también es relevante la forma en que cada profesor ve la eficiencia del trabajo de sus colegas como un conjunto, no todos las respuestas fueron positivas, especialmente en establecimientos grandes. Esa eficacia colectiva es importante, porque a la larga fomenta el que los profesores tengan fe en cada estudiante al ver que ellos forman parte de una meta colectiva, explica la investigadora.

“Encontramos que en las escuelas rurales se favorece más el desarrollo profesional, principalmente por las oportunidades de colaboración que se generan”, añade Martín Bascopé, subdirector académico del Campus Villarrica de la Universidad Católica de Chile y quien también participó en el estudio. Esto rompe el mito de que estas escuelas están aisladas. Incluso, encontraron casos donde se forman redes virtuales para intercambiar distintos aspectos del desarrollo profesional. “Esto se daría porque al estar físicamente más aislados necesitan tener un apoyo mutuo más fuerte”, dice.

La mayor conclusión, dice Beatrice Ávalos, es la necesidad de establecer un capital social en las escuelas, entre los profesores, la comunidad y los apoderados. “Ello implica tener una menor carga de trabajo para dar espacio a esta colaboración y, así, mejorar las prácticas entre todos”, opina.

En términos macro, dice, las políticas debieran tender a la reducción de horas lectivas, en tanto que a nivel micro, las labores de dirección deben ser más compartidas.

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