Leer por «leer»

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José Miguel Pérez señala en una carta publicada el jueves que hay quienes desean “mantener esa desigualdad de conocimiento y no están dispuestos a abrir las barreras de la lectura”, en relación a la incorporación de la biografía de Camiroaga, Barbara Wood,  “Cincuenta sombras de Grey”, etc., a los títulos obligatorios de las bibliotecas públicas.

Como profesora de literatura me permito la siguiente reflexión. Las bibliotecas públicas, como los colegios, deben formar ética y estéticamente el gusto por la lectura; fomentar la opinión crítica y no sólo hacer que la gente “lea”. La chatarra es “buena”, pero no sirve para alimentar a nuestros hijos. Savater señala: “No se puede pasar de la nada a lo sublime sin paradas intermedias”. Pero de ahí a suponer, como lo hace José Miguel, que “no podemos esperar que alguien que no ha leído nunca, parta por James Joyce o José Ortega y Gasset” es estigmatizar a priori la buena literatura como difícil y, lo que es peor, subestimar al público y a los estudiantes.

El argumento más popular de leer “lo que sea”, pero leer, me parece una falacia que nos puede llevar a incorporar en los programas del ministerio biografías farandulizadas, libros de herboristería, ayuda personal y sexual, sin olvidar los textos de cocina y vino, feng shui, zen y mandala, pues como da lo mismo lo que lean, el caso es que lean, y así habremos sellado el nuevo campo de las bellas artes y las humanidades. Para el desarrollo del pensamiento crítico, el vocabulario, la redacción y comprensión lectora en el área de lenguaje, no es lo mismo leer Condorito que Gabriel García Márquez.

Gonzalo Oyarzún, subdirector del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas, señala que “se ha comentado la inclusión de dos títulos sobre Felipe Camiroaga de entre 12 mil títulos seleccionados (0,01%), los cuales se traducen en 287 ejemplares de un total de 40 mil (0,71%)”. Similar acontece con “Cincuenta sombras de Grey”. Sin embargo, por poco porcentaje que representen, olvida que el segundo título se ha convertido en lectura masiva de millones de personas a nivel mundial. Un ejemplar de Javier Marías no podría con un ejemplar del citado título.

En educación, cantidad no es más calidad.

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