Lo más leído de la semana: ¿Cómo se enseña el 11 en las aulas?

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A 45 años del Golpe Militar, ¿cómo se enseña este periodo histórico en los colegios y liceos? ¿Dictadura o régimen? ¿Golpe o pronunciamiento? El Ministerio de Educación sugiere que se deben analizar las distintas interpretaciones sobre lo ocurrido en 1973, pero los recursos y actividades varían dependiendo de los profesores, quienes coinciden en que aún existen muchos prejuicios.

Por Alejandra Olguín y Eduardo Ortega

Golpe de EstadoPasó hace prácticamente dos años, pero aún el recuerdo está fresco en la memoria de Matías Martínez. Lo menciona en un par de ocasiones durante la charla y, confiesa, también lo ha hecho cada vez que le han consultado por su experiencia como docente. Fue en una de sus primeras visitas guiadas a Villa Grimaldi, actividad que los profesores de Historia, Geografía y Ciencias Sociales del Liceo Dr. Amador Neghme Rodríguez -en Estación Central- adoptaron como una suerte de tradición durante cada septiembre. Allí, a cargo de un curso, mientras les presentaban el “Jardín de las rosas”, Cristóbal Morales, uno de los alumnos presentes, se detuvo de golpe y pidió la palabra: Érika Sandoval, su tía, quien falleció a los 15 años, estaba ahí, honrada para siempre en una rosa.

Su testimonio, esa historia que se extendió por tan solo un par de minutos, fue uno de los momentos más fuertes que Matías Martínez, relata, ha vivido desde que es profesor.

-Cuando empezamos a ver la Unidad de Dictadura Militar, lo primero que hacemos es preguntar qué es lo que se ha hablado en las casas. Y se van planteando casos donde hay de todo: desde padres que les dicen que no se hable, porque ya pasó, hasta padres que desde chicos los involucran. Es un área que aún produce mucho interés en el estudiantado y que es necesario trabajar con diversas actividades -reflexiona al respecto.

Ubicado casi al extremo de la Avenida 5 de Abril, a pasos de la casa que cobijó a los hermanos Vergara y frente al Memorial de Detenidos y Desaparecidos de Villa Francia, se encuentra el Liceo A 70, CEM Dr. Amador Neghme Rodríguez. Su localización, y principalmente la historia activista que vincula al barrio, ha resultado clave para los profesores de Historia del liceo: se ha incluido como un elemento más en sus mallas curriculares. “Muchas veces hay alumnos que saben incluso más que uno sobre ciertos temas, por ejemplo, con lo que pasó acá”, admite Martínez.

Desde las tomas de terreno en los años 60 hasta el foco de represión que fue durante el régimen militar, la Villa Francia se ha convertido también en un valioso material de estudio para la comunidad del colegio. Visitas al Memorial y también a los murales históricos son parte de las actividades que dan forma a cada septiembre, y que se suman a otras, como ir a Villa Grimaldi y al Museo de la Memoria.

Precisamente esta clase de salidas pedagógicas es también una de las herramientas que utilizan otros liceos para complementar el trabajo en clases. Carla Contreras, jefa del Departamento de Historia del Instituto Nacional, asegura que es necesario por parte de los profesores llevar a sus alumnos “para conocer la realidad”. La dinámica en el establecimiento más emblemático del país se repite: cada vez que se estudia la Unidad de Dictadura Militar se realizan visitas guiadas a Villa Grimaldi y al Museo de la Memoria.

-Cuando hacemos las reuniones de nivel, varias veces las profesoras nos han contado sus experiencias con estudiantes que tenían visiones sesgadas y que se impactan con lo que ven. Les provoca congoja y emoción. El museo les parece impactante. Son varios de ellos, incluso, los que agradecen a colegas este tipo de actividad -afirma Contreras.

Hay establecimientos que, sin embargo, se decantan por otras opciones a la hora de salir a terreno. José Luis Rebolledo, jefe del Departamento de Historia del Colegio del Verbo Divino, cuenta que, para tercero medio, programan visitas al Congreso Nacional, con el fin de que los estudiantes tengan la posibilidad de interactuar sobre el tema con diputados y senadores. En segundo medio, el destino es el Cementerio General, donde los alumnos realizan un recorrido histórico que comprende desde Bernardo O’Higgins hasta la tumba de Salvador Allende y el Memorial de Jaime Guzmán, entre otros.

Loreto Jara, investigadora del equipo de política educativa en Educación 2020, al respecto sostiene que es fundamental para la formación de los estudiantes tener contacto con sitios de memoria y conocer testimonios de personas que vivieron el periodo. “Estar en lugares que hayan sido escenarios de esa historia es mucho más efectivo desde el punto de vista de la fijación de ese aprendizaje. No es lo mismo leer una cosa que estar ahí”, asegura.

De Vial a Salazar: pluralismo en los contenidos
Ya sea en el Instituto Nacional, en el ex Liceo A 70 de Villa Francia o en el Colegio del Verbo Divino, los profesores se refieren al período como “dictadura”. Pero Rebolledo, profesor de Historia del colegio de Las Condes, es enfático en aclarar que evitan categorizar: “Nosotros, como Departamento de Historia, hablamos de dictadura, pero hacemos la reflexión de qué es la dictadura como concepto político, con las definiciones que esta conlleva y comparando con ejemplos actuales”.

Ante conceptos como “golpe o pronunciamiento militar”, la situación es distinta. Rebolledo cuenta que no utilizan ninguno de los dos términos, sino que hablan de “quiebre de la democracia” e instalan la acción de las Fuerzas Armadas dentro de este contexto para que “sean los chicos los que elijan si le dan la categoría de golpe o pronunciamiento”, explica.

Desde 1996, los jóvenes se enfrentan a estos contenidos por primera vez en sexto básico: el objetivo es comprender a grandes rasgos el quiebre de la democracia en el país y que todas las personas tienen derechos que deben ser respetados. Posteriormente, en 1998, se definió que, en segundo y tercero medio, se profundizara el contexto histórico previo al golpe y el período de “dictadura hasta el regreso a la democracia”, confrontando las distintas visiones políticas. Pero con la actualización de 2009 del marco curricular es cuando el estudio de la “dictadura militar” adquirió mayor trascendencia.

Si bien existen ciertos matices en el uso de conceptos, los profesores concuerdan en que lo más importante es generar un espacio de reflexión crítica. Visión que Loreto Jara, investigadora de la Fundación 2020, considera fundamental. “Es legítimo que los profesores tengan su opinión al respecto, pero también es legítimo que la transparenten y problematicen en torno a eso. La idea es que puedan entregar la mayor cantidad de perspectivas, fuentes y recursos para aproximarse al tema y que orienten a sus estudiantes en la generación de un pensamiento crítico al respecto”, dice la experta.

Esto último pareciera ser un tema clave: la multiplicidad de recursos utilizados para abordar un periodo histórico que sigue siendo un tema sensible en nuestra sociedad. En las bases curriculares del Mineduc se indica como uno de los objetivos para segundo medio el “analizar y comparar críticamente distintas interpretaciones historiográficas sobre el Golpe de Estado de 1973 y el quiebre de la democracia”. ¿Cómo se logra esto? En principio, mediante el uso de diversas fuentes. No existen lecturas obligatorias según el currículum nacional, pero tanto en el ex Liceo A 70, el Instituto Nacional y el Colegio Verbo Divino los profesores afirman que los alumnos leen desde Gonzalo Vial hasta Gabriel Salazar, aludiendo a ambas visiones.

Pero, además de las clases y las salidas a terreno, Jara sugiere utilizar todos los medios disponibles. Martínez, profesor del ex Liceo A 70, cuenta que en su clase toma un rol importante el material audiovisual. Películas como Machuca, No y Colonia son parte de los contenidos. En el Verbo Divino, por su parte, las clases de Historia de este mes se centran en la revisión de distintos diarios de la época. Asimismo, los alumnos de segundo medio tendrán que ponerse en la piel de los periodistas y crear sus propias noticias, sumándose a otras actividades, como la confección de afiches, trípticos y disertaciones.

En el liceo de Villa Francia los docentes propusieron ir más allá de la sala de clases: una jornada interdisciplinaria, donde invitaron a los demás departamentos educativos para que hablen sobre la dictadura en sus clases. “Por ejemplo, Educación Física puede hablar de deportistas detenidos desaparecidos o si es verdad que Pinochet financió el estadio de Colo Colo. Lenguaje puede hablar de los poetas desaparecidos. Se puede conversar sobre cuál fue la postura de las ciencias, que fue muy blanda respecto de lo que pasaba en dictadura”, explica Martínez.

Para los alumnos del Instituto Nacional, septiembre es una fecha de conmemoración. Todos los años celebran el Día de la Memoria Institutana, para rendir homenaje a los 33 exalumnos de la institución que fueron ejecutados, torturados o resultaron desaparecidos durante el periodo. Fernando Soto, rector del liceo, asegura que el objetivo de la actividad es resaltar la tolerancia y el respeto. “Nadie puede sentirse dueño de la verdad, queremos transmitir la riqueza del pluralismo en un centro educativo”, dice. Propone que sea un acto más allá de lo político y, por lo mismo, invitó a los alumnos militantes a que este 27 de septiembre depongan sus banderas “en pos de una búsqueda de una identidad más amplia”.

La evolución de un “tema tabú”
Largos pasajes de la vida de Fernando Soto Concha han estado estrechamente vinculados con el Instituto Nacional. En 1973, sin ir más lejos, mientras cerraba su etapa como escolar, vivía en el emblemático colegio. Por entonces su padre, Fernando Soto Droully, era vicerrector, escenario que, recuerda, obligaba a su familia a vivir en el quinto piso del establecimiento. Recuerda también, con precisión, como si no hubieran transcurrido casi 45 años, que ese 11 de septiembre, alrededor de las 9.30 horas, estaba en plena clase de Filosofía cuando el primer Hawker Hunter emprendió el vuelo a unos cuantos metros de su sala, con dirección a La Moneda.

La escena lo persiguió dos años después, cuando daba sus primeros pasos en la carrera de Historia y Geografía en el Pedagógico de la Universidad de Chile: “Estaba desterrada cualquier posibilidad de mencionar temas de la contingencia política”. Y también en 1978, año en el que -calcula- logró el permiso del ministerio para hacer clases: “Estaba vedado en los colegios, no se tocaba: se saltaba. Aquellos que lo intentaron, sufrían el rigor de los sostenedores. Era un tema tabú, había mucha persecución laboral”.

José Luis Rebolledo confirma esta situación: “Antes de llegar al Verbo Divino, en 1983, trabajé en otros lugares donde era imposible hablar estos temas: era tabú. Acá pensé que sería igual, pero me sorprendí positivamente. Había mucho respeto por la enseñanza de la historia”.

Pese a las restricciones propias de la época, Fernando Soto, hoy rector del Instituto Nacional, afirma que siempre abordó el tema. Fue complicado: no se leían textos que fueran contrarios a la visión oficialista, se veía obligado a sugerir lecturas a escondidas. La situación, crítica durante la década de los 80, incluso le valió en más de una ocasión perder su trabajo. Misma situación que afectó a muchos de sus colegas.

-No quisiera hacer escarnio moral de eso. Las personas que estaban vinculadas a la administración de esos colegios habrán aprendido su lección…, o eso espero. No es lícito generar una persecución laboral a alguien que intenta hacer su labor de la manera más ética y beneficiosa para los estudiantes. En esos tiempos había mucha persecución y represión -recuerda Soto.

En 2006, una encuesta realizada por la académica de Psicología de la Universidad Diego Portales, María Isabel Toledo, arrojó que el 49% de los colegios evitaba enseñar este periodo, aun cuando en el 2000 el Ministerio de Educación lo había instaurado como una materia obligatoria. Hoy, sin embargo, el escenario parece ser distinto: los profesores aseguran contar con las condiciones y la madurez para trabajarlo con los estudiantes y coinciden en que es un contenido ineludible.

Pese a la evolución, hay críticas. Si bien reconocen que es un avance significativo que la dictadura militar forme parte de una unidad completa, los docentes piensan que debiese trabajarse de manera más transversal. “Este tema, que nos hace conversar como sociedad, no puede estar encerrado en el cubículo que es Historia y Ciencias Sociales”, apunta Matías Martínez. Loreto Jara coincide: “La idea es que sea un tema transversal y no se lo dejemos únicamente al profesor de Historia: desde un enfoque multidisciplinario puede ser mucho más enriquecedor”.

Mario Aguilar, actual presidente del Colegio de Profesores, por su parte, es más crítico y afirma que el tema del Golpe Militar aún no está lo suficientemente incorporado en los planes de estudio. “Hay un tratamiento mínimo para eludir la polémica”, dice. También cree que los programas son débiles: “Nuestra evaluación preliminar es que son lecturas light. Debiera haber una postura clara de condena a todo tipo de violación a los derechos humanos y todo tipo de dictadura”.

Profes ¿fachos?, ¿comunistas?
-Se nota que es de izquierda por algunos comentarios que hace, como “Pinochet asesino”…

Diego (quien escogió este nombre para el reportaje) es alumno de uno de los cuatro segundos medios del Colegio del Verbo Divino y cuenta que por estos días su profesor de Historia está presentando la Unidad de la Dictadura Militar. Y si bien reconoce que el docente es “súper equilibrado” y que “responde las cosas como son”, algunos conceptos le molestan. “Yo no soy fanático de Pinochet, pero tampoco me gusta que hablen mal de un presidente de Chile”, explica.

Tal como le pasa a Diego, los contenidos del Golpe Militar y del quiebre de la democracia generan cierto resquemor en el estudiantado. Mucho prejuicio, precisan los profesores. “Si tú hablas de un tipo de cosas, te dicen ‘¡profe, qué comunista!’. Pero si hablas de lo otro, ‘¡profe, que es facho!’. Me ha pasado harto. Me han dicho varias veces que soy comunista, por referirme a la ‘violación a los derechos humanos’”, cuenta Matías Martínez, docente del liceo de Villa Francia.

Juan Luis Rebolledo concuerda: “La historia está cargada de prejuicios, lo que conoces finalmente es la que te cuenta tu familia”. Martínez también cree que es una conducta heredada: “Apoderados me han dicho: ‘Profesor, yo sé que usted es comunista, tiene toda la pinta, ¿milita?’. Y les explico que no soy comunista. El prejuicio, en ese sentido, es transversal”.

El jefe de Departamento de Historia del Colegio del Verbo Divino entonces defiende la labor que desempeñan: “Nuestro objetivo no es contarles una historia distinta ni hacerles creer que les mintieron, simplemente es ir al rescate de esos conocimientos previos y a partir de ahí generar reflexiones”.

Tras un par de minutos, Diego asume que se siente más cercano a la derecha, porque su familia lo es. Pero, de golpe, confiesa que las últimas tareas que ha tenido en el colegio lo han hecho “liberalizarse”.

-Me di cuenta de las distintas violaciones a los derechos humanos que se cometieron en toda América Latina. Me hizo ver que es un panorama lleno de matices y no blanco y negro -cierra, minutos tras haber realizado una infografía sobre los gobiernos totalitarios en Sudamérica durante la segunda mitad del siglo XX.

Fuente: La Tercer

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