Lo más leído de la semana: Crece la conciencia medioambiental de los escolares; no así su optimismo

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Los alumnos de 15 años conocen los riesgos que implica el aumento de los gases de efecto invernadero o la escasez de agua, pero están poco esperanzados respecto a posibles soluciones. Por Margharita Cordano  medio ambienteMuchas cosas le han pasado al planeta desde que la prueba PISA preguntó a los estudiantes sobre el medio ambiente hace más de una década. “La temperatura global aumentó, los glaciares siguieron derritiéndose, la barreras de coral se volvieron más vulnerables, el nivel de los océanos creció alrededor de tres centímetros, la basura del mar se siguió acumulando y los desastres hechos por el hombre -como el derrame de petróleo de Deepwater Horizon o el desastre nuclear de Fukushima- han añadido aún más carga a su frágil salud”. Con esta frase comienza el más reciente informe PISA in Focus, una publicación que elabora la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y que en su última edición compara cómo ha cambiado el conocimiento de los estudiantes de 15 años en temas medioambientales. Tomando en cuenta acciones como la firma del Acuerdo de París, que establece medidas para la reducción de gases de efecto invernadero, en el documento también se establece qué tan optimistas son los jóvenes cuando se trata de resolver los problemas asociados. Para ello se comparan datos de las pruebas PISA de 2006 y 2015. Una de las conclusiones es que entre estos dos períodos los estudiantes no se volvieron más optimistas en cuanto a la solución de los problemas. Quienes manifestaron estar informados sobre el aumento de gases de efecto invernadero se inclinaron 43% más a considerar que este problema empeoraría en los próximos 20 años (ver cifras). Aunque el informe no entrega valores absolutos, Chile aparece identificado como un país que, con el tiempo, aumentó su conocimiento sobre la temática, pero redujo su índice de optimismo. “No hemos analizado el caso chileno específicamente, pero es fácil observar que en muchos de los países donde el conocimiento sobre cuestiones medioambientales ha mejorado los estudiantes se han vuelto menos optimistas sobre el futuro de estas cuestiones. Igualmente, los estudiantes con mejor conocimiento declarado sobre temas medioambientales son más pesimistas”, explica a “El Mercurio” el analista OCDE Alfonso Echazarra. Actividades prácticas Los Países Bajos son un ejemplo del efecto contrario. Según indica el informe OCDE, entre 2006 y 2015 su índice de optimismo creció de manera importante, pero el conocimiento medioambiental de los alumnos se redujo. “La juventud holandesa es optimista respecto de un futuro que respeta el medio ambiente. Y supongo que se debe a que somos buenos para conversar y encontrar soluciones a pequeña escala: tenemos grupos de expertos y muchos think tanks . Creemos que las cosas se pueden hacer, entonces comenzamos a hacerlas”, comenta Bruno Lauteslager, representante de la organización pro medio ambiente Young Friends of the Earth – Netherlands. “Sin embargo, olvidamos que esta mentalidad de nuestra gente no siempre se condice con los actos de grandes compañías a las que invitamos a hacer negocios aquí. Somos una especie de paraíso fiscal para grandes empresas, lo que contribuye mucho a nuestra economía. Pero no es lo mejor para la sustentabilidad de la nación”. Por su parte, México destaca como el país latinoamericano cuyo conocimiento medioambiental más aumentó en el período evaluado. Su optimismo, eso sí, bajó. “Ha existido un aumento de nuevos programas educativos enfocados a la atención de los problemas ambientales actuales, como Ingeniería Ambiental y la Licenciatura en Turismo Sustentable”, comenta desde ese país Melchor Muñoz, consultor en educación para el desarrollo sostenible. Más allá de estas carreras en particular, se ha creado mayor conciencia, ya que otros programas también han incorporado ramos como “responsabilidad social, desarrollo humano, problemas del mundo o crecimiento y paradigmas del desarrollo sostenible”, dice Muñoz. Para que este conocimiento siga creciendo y posteriormente lleve a la acción, la OCDE indica que es vital exponer a los escolares a actividades científicas prácticas. También que sus profesores entreguen más preguntas que respuestas, con el fin de que sean los niños quienes averigüen más sobre un tema. “Creemos firmemente que la conciencia medioambiental de los estudiantes ayudará a que adopten comportamientos respetuosos con el medioambiente el día de mañana, a facilitar que los gobiernos acuerden medidas para luchar contra la degradación medioambiental y a encontrar soluciones tecnológicas a este tipo de problemas”, puntualiza Alfonso Echazarra. Fuente: El Mercurio

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