“Lo principal es querer al alumno”, la premisa de un profesor normalista

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Fernando Pérez tiene 67 años y desde 2015 es el director del Colegio Grace School. Ahí es el único profesor nomalista. En una entrevista exclusiva con Elige Educar nos cuenta lo que significa para él haber sido parte de la Escuela Normal Superior José Abelardo Núñez, la primera institución formadora de maestros en Chile. Por Lorena Tasca NormalistaZapatos negros pulidos y pantalón de vestir azul oscuro, ambos combinados con un chaleco azul claro, camisa blanca y corbata roja. Encima de todo el vestuario, una bata blanca, donde se lee el nombre Fernando Pérez. Así viste quien es el director desde hace casi tres años del Grace School ubicado en la comuna de Pedro Aguirre Cerda de la ciudad de Santiago. Lleva bata siempre que está en el colegio , porque es para él su insignia como profesor normalista. “Pasé muchos años con una bata como esta. Para mi esto da como impronta, es el uniforme del profesor normalista”, dice Fernando, quien a los 12 años entró a la Escuela Normal Superior José Abelardo Núñez, que fue la primera institución formadora de maestros habilitados para desempeñarse en la docencia primaria en Chile. Este espacio está transformado ahora en la Universidad de Santiago, tras un decreto que dictaminó en 1974 que los docentes ahora debían formarse en las universidades. El primer director de esta Escuela Normal fundada en 1842 fue Domingo Faustino Sarmiento, escritor, político y también presidente de Argentina en 1868. Esta institución, que buscaba preparar a jóvenes chilenos para ser docentes de enseñanza primaria, fue la primera en su tipo en Chile y la más antigua en Hispanoamérica. La formación normalista tenía como objetivo mejorar el déficit educativo de esa época y llegar a los sectores más vulnerables y rurales del país, inspirada en un modelo francés. “Por eso y muchas razones más, para mí es un orgullo ser un profesor normalista”, dice Fernando quien egresó a los 19 años, ahora tiene 67, más de 30 años de ejercicio en el Colegio Grace School y hasta una escuela fundada en la comuna de Lo Espejo. “Me contenta ser parte de los normalistas que todavía están trabajando”, dice. La Asociación Nacional de Normalistas agrupa a 30 mil docentes, la mayoría de ellos eméritos. Pero, hasta la fecha, no cuentan con registros oficiales sobre cuántos docentes normalistas están actualmente trabajando en las aulas. La importancia de la vocación “Creo que los profesores normalistas tenemos una mística especial, porque nos formaron tomando en cuenta la vocación. Al estar estudiando en la Escuela Normal, el reflejo estaba en los mismos profesores que nos hacían clases. Eran el mejor ejemplo que teníamos. Por lo tanto, a la edad que yo entré (a los 12 años), me puso a la impronta, si se puede decir así. Eso queda para toda la vida. Yo creo que el profesor normalista tiene un espíritu especial, no quiero decir que mis otros colegas no lo tengan, pero esa es mi experiencia. El profesor normalista siempre se hace presente, se hace notar”, considera Fernando. Vocación, impronta y corazón son tres palabras que siempre están presentes en el discurso de Fernando, quien recuerda que quien lo inspiró a ingresar a la Escuela Normal Superior José Abelardo Núñez, fue un padrino que visitaba en Cauquenes durante algunas vacaciones. “Por ahí como que empezó algo, al verlo trabajar en su escuela rural. Además, entre mis amigos, en el barrio, como que yo era el profesor de mis amigos. Por eso yo creo que uno como que nace con ese don y estoy tan seguro que es así, que yo creo que tuve como un llamado interno y una luz, que me dijo que este era el camino que tenía que tomar. Es una vocación que tuve siempre”, recuerda. Para ingresar a la Escuela Normal, todo postulante debía estar entre los seis mejores promedios de su colegio. “¡Yo era el primero! Y de inmediato me postulé”, dice este docente. Para esa época, su madre quería que él fuera técnico electrónico y su padre, fue quien lo apoyó desde el principio. “Mi opción siempre fue ser profesor. Aunque no fue sencillo elegir a los 11-12 años lo que quería hacer con mi vida, pero yo creo que tenía la vocación”, explica. Trabajar desde el corazón El haber elegido educar siendo tan joven y con una estructura educativa en que los estudiantes estaban todo el día estudiando diversos ramos, desde agricultura hasta cosmografía, mano a mano con sus profesores, es para Fernando parte importante de la formación normalista. “El estar todo el día topándonos con otros profesores. En la clase, en el almuerzo, en las competencias deportivas, en los actos culturales, en el día a día. Traspasándonos así la sabiduría, el conocimiento, el querer la profesión como hay que quererla. Yo creo que eso no lo da otra institución. Imagínense ustedes, desde los 12 hasta los 19 años, compartiendo todos los días con los profesores. Y la mayoría de esos profesores, eran gente importante en Chile. Teníamos, por ejemplo, deportistas destacados que eran profesores en el colegio, profesores universitarios que nos daban clases y al juntar toda esa experiencia, nos puso esa impronta. Y eso, como que no se olvida nunca más”, explica este docente. Por ese constante contacto con profesores, los vínculos creados durante esos años también marcaron varios aspectos importantes para Fernando. Crear lazos, conversar con sus docentes sobre temas que iban más allá de la sala de clases y mantener siempre el ánimo. “Algunas veces no era fácil, pero el tener siempre un profesor que te apoyaba, que te daba ánimo, en verdad marcaba la diferencia. Marcaba esas ganas de seguir la vocación”, dice. “Creo que algo que me entregó la escuela normalista es el ser humanista, más que enseñar materia, se trata formar a la persona, entender sus sentimientos, entregarle cariño. Es lo principal en la educación. Si los niños no se sienten queridos, si no se logra ese vínculo, es difícil que después lo atiendan a uno en la clase. Lo primero es llegar a ellos al corazón y después entregarles lo que el programa dice. Lo principal para mi es la persona, porque le puedo integrar valores, lo moral. Con la persona es que puedo acercarme de tal manera que una vez que se sienta en confianza conmigo, la entrega de contenido va a ser súper fácil”, considera. Por eso, aunque ya suma casi tres años sin estar al frente de una sala de clases, en el colegio Grace School Fernando siempre está durante los recreos acercándose a los alumnos, hablando con ellos, preguntándoles por la familia, el fin de semana. Lo mismo hace con los profesores del establecimiento. “No quiero irme, esto es mi vida. No me veo todavía sin estar en colegio y creo que todavía puedo entregarle más a todos. Puedo entregarle más a todos, a los colegas nuevos, a los que quieren aprender más. Creo que puedo entregar el cariño por esta profesión tan difícil y en un sector tan vulnerable. Donde se necesita mucho más que meter en sus cabecitas contenido, hay que meter más de la parte humana. Hay estudiantes que aquí necesitan cariño, que lo escuchen y que conversen con ellos (…) Todavía hay mucha labor que hacer. Así que mientras me de el cuerpo y la mente, voy a seguir. Esto es lo que yo amo, esto es lo que yo quiero”. Fuente: Elige Educar  

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