Lo que mal INICIA, puede mejorar

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Los resultados de la prueba INICIA señalan que un gran número de profesores egresan de las carreras de pedagogía sin los conocimientos suficientes para enseñar. Como actualmente la prueba es voluntaria, quién sabe cuánto saben los alumnos de las universidades que prefirieron no dar el examen. Ahora ojo, no se puede atribuir a esta prueba la capacidad de revelar todo lo que sabe un profesor antes de ejercer. Hay expertos que señalan que la buena respuesta de la prueba, no garantiza que ese estudiante ejecute bien ese conocimiento en el aula. Por otro lado, un profesor que salió mal evaluado por no haber memorizado ciertos contenidos, podría hacer perfectamente una clase motivadora y con resultados con insumos de apoyo a mano.

Más allá de la validez de la prueba para predecir buena enseñanza, INICIA debiera por sobre todo hacernos reflexionar sobre la importancia de la calidad docente y su impacto en la vida de los estudiantes. Si profesores que no saben hacer clases fueran médicos, ¿usted se dejaría operar por ellos? Probablemente no. En la misma lógica no tiene mucho sentido que  nuestros hijos estén en colegios que les hacen creer que aprenden pero están horas sentados frente a docentes que no saben enseñar. Es la vida de los niños la que está en juego. No podemos no darles los aprendizajes que los ayuda a enfrentar el presente y los prepara para el futuro. No los podemos abandonar y estafar desde tan chiquitos. Esta una responsabilidad compartida de un sistema educativo, que entre varias falencias, no está capacitando seriamente a los profesores.

La calidad del docente depende de la formación que recibe, tanto de la inicial como de la continua. Con respecto a la primera, y siguiendo con la línea de las estafas, muchas universidades impartiendo carreras de pedagogía sin preparar a sus estudiantes para enseñar. La gran y urgente medida es la regulación y las sanciones a instituciones cuyos estudiantes no pasan la prueba. Eso es una preocupación del Ministro quien anunció que viene un proyecto de ley al respecto. Pero conocemos los tiempos que tienen las propuestas y las discusiones parlamentarias para dar a luz las leyes y luego implementarlas. ¿Será un año, serán dos?

¿Y mientras tanto qué hacemos? En este mismo momento en que usted lee este artículo hay un niño sentado en la sala de clases, con grandes ojos mirando al frente, y con la guata un poco apretada porque no está entendiendo “al profe” que habla muy enredado, que “queda pillo” con algunas preguntas, que explica sólo una vez y que pone ejemplos lejanos y aburridos.

Desde esta imagen, que se basa en observaciones reales de distintas aulas de nuestro país, el tema inmediato a abordar es la formación continua, es decir, la formación que reciben los docentes en actual ejercicio y los que empezaran a enseñar próximamente. Esto es fundamental tanto para los que tuvieron buenos como malos resultados en INICIA pues no tiene que ver con un castigo de reforzamiento sino con la profesionalización de la carrera docente.

Nos preocupa lo ausente que ha estado el tema de la formación continua en las discusiones y propuestas del Gobierno, no incluyéndolo, por ejemplo, dentro del proyecto de ley de carrera docente. Se ha puesto énfasis en la lógica del castigo: “No sabes, no ejerces”, “no sabes, te echo”. Este es un mensaje de abandono a los docentes y de pocas expectativas frente a su potencial de aprendizaje, su conocimiento y su experiencia.

Las políticas educativas en esta línea debieran abordar al menos dos elementos que nos parecen relevantes.

Lo primero es fiscalizar rigurosamente los programas de apoyo pedagógico que reciben los docentes. Hoy en día se está gastando mucho dinero en capacitación desde las asistencias técnicas educativas. ¿Pero cómo se monitorea la calidad de las instituciones y organismos involucrados? ¿Cómo se evalúa el impacto de las formaciones? Hay poca evaluación de cuan pertinentes son estos programas para los docentes, cuánto sentido les hacen, la calidad de sus profesores y de las metodologías que usan y en último término de cuanto están ayudando realmente a mejorar los procesos pedagógicos de los profesores y mejorando los aprendizajes de los niños. El gran protagonista de esto es el Centro de Perfeccionamiento Docente del Mineduc.

Lo segundo es que es necesario promover fuertemente y con políticas de gobierno, la formación continua entre pares. Aquella en que los propios docentes son tutores de sus colegas, donde se aprende en terreno, donde se trabaja colaborativamente con las esuelas vecinas para aprender sobre sus procesos pedagógicos. El DAEM de Quillota acaba de realizar una feria de buenas prácticas con sus 20 escuelas. Fui testigo de una jornada donde 400 profesores olvidaron por un rato la lógica competitiva de nuestro modelo y tuvieron permiso para colaborar con el otro. Abrir las puertas a mostrar sus prácticas exitosas y aprender de sus colegas. Escuchar la creatividad de buenos profesores, sentir como el compromiso de los más entusiastas moviliza y perfecciona el quehacer pedagógico.

Las regulaciones y flexibilidades laborales son necesarias pero deben ser acompañadas de políticas donde estimulemos seriamente el perfeccionamiento entre docentes y aquel entregado por otros. Esto, por la vida de muchos niños que mientras leemos estas líneas se encuentran aprendiendo en el patio o en sala de clases de alguno de nuestros colegios.

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