Los escolares leen 50% más cuando tienen libros dentro de su sala de clases

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Screen Shot 2018-04-03 at 6.02.47 PMCrear minibibliotecas dentro del aula ayuda a que en sus tiempos libres los niños sepan que entretenerse leyendo es una muy buena opción.  Publicado en El Mercurio Miriam Martínez cree que la lectura a viva voz es una herramienta poderosa. Por eso, narrar y escuchar historias se ha vuelto una costumbre en las clases de literatura que imparte en la Universidad de Texas en San Antonio: después de escucharla leer un texto, sus alumnos discuten qué fue lo que más les llamó la atención o qué conceptos les costó entender. Es una forma efectiva de introducirlos a una literatura más sofisticada, plantea. “Un error común es asumir que una vez que los niños aprenden a leer, no hay necesidad de seguir leyéndoles a viva voz”, comenta la especialista, quien estuvo de visita en Chile invitada por la Facultad de Educación de la Universidad de los Andes. En el país compartió con académicos y otros profesores, a quienes señaló algunas de las faltas que ella siente se cometen en literatura infantil. Una de ellas es no fijar tiempo para que los niños lean libros en horas de clases, perdiendo la oportunidad de que estos comenten y se aconsejen lecturas entre ellos. La otra es no promover la instalación de bibliotecas dentro de cada aula. “Sabemos que los estudiantes leen un 50% más si tienen libros dentro de su sala. Y es fácil ver por qué sucede eso: cuando los estudiantes tienen tiempo y libros disponibles, es mucho más probable que lean. Cuanto más leen los alumnos, mejor leen”, explica. Contar con acceso inmediato a los libros no quita que no deba existir una biblioteca general a nivel de colegio. De hecho, “la biblioteca escolar puede ser un gran apoyo para la biblioteca de aula, porque es importante que se vayan rotando de forma periódica los títulos disponibles. Se deben ir pidiendo libros prestados”, advierte. Ventanas y pizarras Las bibliotecas de aula efectivas presentan ciertas características, dice Martínez. Para el caso de la sala de clases de preescolares y alumnos de enseñanza básica, se ha visto que las bibliotecas deberían ser lugares que se diferencien de alguna forma del resto de la clase -un ejemplo sería ponerles cojines en el piso-, áreas en las que deben poder estar entre cinco a seis niños al mismo tiempo y donde exista una repisa que muestre la portada de algunos libros, así como otra donde los libros muestren su lomo y estén en hilera, uno al lado del otro. “Si no hay espacio disponible, animo a los profesores a encontrar la manera de mostrar las portadas de los libros. He visto que algunos maestros exhiben algunos títulos en las ranuras de las ventanas, mientras otros los ponen en la parte de abajo de las pizarras”. Publicado en El Mercurio

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