LOS HOMBRES EN SUS FAMILIAS: REFLEXIONES DESDE UNA PERSPECTIVA PSICOSOCIAL

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Me ha sido más complejo y difícil de lo que yo pensaba escribir acerca de los talleres “Sólo para Hombres”.

¿Cómo hablar de una experiencia vivencial de trabajo con hombres de sectores populares urbanos sin caer en una actitud distante y racionalizadora? ¿cómo hablar de rostros, emociones, resistencias, cansancios, esperanzas y dolores?

Hablar de estos talleres es contar de Rodelillo, con sus procesos de reflexión y apuestas entorno a nuestro trabajo, pero a la vez es contar de quienes hacemos los talleres.

Si bien vengo realizando este taller desde hace años, estos últimos meses estoy tomando mayor consciencia del papel que ha jugado mi propio ciclo de vida en cómo se han ido desarrollando los contenidos durante estos años y, a la inversa, cómo estos contenidos me afectan en lo personal.

Desde hace diez años trabajo en la Fundación Rodelillo, en la que hacemos una intervención con familias en situación de pobreza. La intervención psicosocial se ha realizado en una acción intensiva y simultánea en las áreas psicosocial, laboral, educacional, salud, vivienda y recreación. A esta integralidad de nuestra intervención, se le suma una relación afectiva y participativa entre la población beneficiaria y el equipo multidisciplinario de profesionales; posibilitando el desarrollo, en un período de alrededor de 24 meses, de un proceso de cambio en la familia conducente a su desarrollo familiar.

Rodelillo, desde sus inicios, plantea una intervención centrada en la familia, aunque se tenía como interlocutor familiar principalmente a la mujer. Durante el proceso se fue observando un creciente aumento de los conflictos a nivel de la pareja, llegando en varios casos a separaciones y episodios de violencia.

No teníamos en cuenta que, con el desarrollo personal de las mujeres, se generaba un desequilibrio en la división de roles tradicionales que había al interior de las familias. El objetivo de atender a la familia como un todo se empezó a desfigurar, en la medida que la mujer aprovechaba la variedad de instancias de crecimiento y desarrollo personal, quedando gran parte de los hombres al margen de los cambios, ubicados en un lugar junto a los hijos. Esto último tanto por sí mismos, por sus propias parejas, como por el equipo de Rodelillo. Podemos entender la exclusión y autoexclusión o la poca participación de los padres de familia en las intervenciones psicosociales de diversos modos:

•Como una debilidad de lo que han sido las políticas públicas en torno a la intervención psicosocial con familias, en las que no se piensa en los hombres. Esto a todo nivel, en especial en lo concerniente a la salud (autocuidado de la salud, métodos de control de la natalidad, madres con embarazo adolescentes (¿dónde está el padre?), aborto (¿a quién se culpabiliza?), etc); legislación laboral (sigue centrándose como ámbito principalmente femenino, limitando a aquellos hombres que quieren desarrollar una paternidad más activa y estar más presente en lo que se refiere a la crianza de los hijos) y bienestar psicosocial (desarrollo y crecimiento personal, recreación, entre otros).

•Ligado al punto anterior, en el contexto de las intervenciones psicosociales en familias, éstas se caracterizan, por lo general, en que su foco es la mujer, jóvenes o niños de las familias, excluyendo de dicha intervención al hombre; quien muchas veces es responsabilizado, con mayor o menor razón, de las quejas y malestares que ocurren al interior de las familias.

•El imaginario colectivo de los hombres sitúa a las intervenciones psicosociales como un ámbito de la mujer y de los hijos, para el cual cuentan con el permiso de él, pero sin su participación. (“la dejo participar, pero yo no tengo tiempo“, “le hace bien para la mujer, para que se distraiga“, etc.).

•Resistencias de los hombres a cambiar, a cuestionarse y a exponerse.

•Actitud de desconfianza, por parte de los hombres, hacia la Fundación, ya que podría haber algún tipo de aprovechamiento de nuestra parte.

•La mujer quiere un espacio propio y personal, por lo que prefiere que su pareja no participe. Este punto para nosotros ha sido sumamente significativo debido a que los mayores crecimientos personales en las familias ocurren en las mujeres, desarrollando una mayor autonomía, sobre todo en el primer año. Esto ha llevado a que, en algunas actividades, como la recreación familiar (que se realiza en un horario nocturno) participen significativamente más las mujeres. Y cuando recogemos lo que ocurre con la ausencia masculina, una de las explicaciones es el poco interés de ellas en que éstos participen.

•Si vemos nuestra responsabilidad como institución, considero que el horario y días que destinamos a nuestras actividades dificultan una mayor participación de los varones.

Esta ausencia o poca presencia de los hombres nos llevó a la búsqueda de una línea de intervención que recogiera las fortalezas de la intervención con mujeres y en la que se integrara un trabajo paralelo y sistemático con los hombres. Esto implicó un proceso de re-flexión en relación a la presencia mayoritariamente femenina en los equipos de profesionales, a los horarios elegidos para las actividades y a un marco metodológico que privilegiaba a la mujer como ente de cambio.

Es así como se desarrolló y concretó, allá por el año ´95, la realización de un taller de hombres, llamado “Sólo para Hombres”.

¿Por qué talleres sólo con hombres y no realizar talleres de pareja, por ejemplo? Lo primero que podemos decir es que el hombre actual se encuentra conflictuado entre el modo en que ha sido socializado y los cambios que experimentan las relaciones entre el hombre y la mujer. Para ello, los hombres necesitan reflexionar en conjunto, para reconocerse, para redefinirse en su “ser varón” y replantear su actuar.

Esa es una tarea que tienen que hacer los hombres. Un segundo motivo, de índole más afectivo, es el acompañamiento y contención emocional que se pueden dar entre ellos apartir de sus experiencias de vida. Se reconocen en historias y experiencias de vida de otros hombres, lo cual puede ser un gatillador del cambio. Y en tercer lugar, consideramos que el mejor lugar en que los hombres pueden reflexionar y conversar de las contradicciones y conflictos que viven es en este taller, ya que abre procesos de crecimiento y desarrollo, tanto a nivel personal, como grupal, que no estarían dispuestos a tocar con mujeres.

El objetivo general del taller es ofrecer un espacio de crecimiento personal y grupal desde una perspectiva de género. Estos talleres, en coherencia con el proyecto Rodelillo, permiten que hombres de sectores populares de Santiago puedan descubrir algunas interpretaciones sobre las relaciones de género y algunos estereotipos acerca de la masculinidad y la feminidad.

 

Nota: La Fundación Rodelillo es una entidad de derecho privado, sin fines de lucro, creada en 1987, por un grupo de empresarios y profesionales, cuyo objetivo es facilitar la inserción social de la familia, a partir de sus propias capacidades y recursos, como principal motor de un camino progresivo y sostenido de superación de la pobreza. Se trata de familias de sectores pobres, con graves carencias en materia de vivienda y previsión, con altos índices de cesantía, inestabilidad laboral y violencia en el hogar, bajo nivel educacional y otros riesgos. Sin embargo, son también familias que, a pesar de esas dificultades, tienen la disposición a realizar esfuerzos de cambio si acceden a las oportunidades para hacerlo. La Fundación atiende a las familias, a través de una acción intensiva y simultánea en las áreas: social, de relaciones familiares, laboral, educacional, vivienda, salud y recreación.

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