Los mejores profesores de Chile apuestan por el aprendizaje práctico de sus alumnos

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Luego de una campaña a nivel nacional para identificar a aquellos docentes que sobresalen en su labor, el jurado dio a conocer a los chilenos que serán postulados al “Nobel de la Educación”. Captura de pantalla 2018-09-02 a las 19.55.23Cerca de 23 mil profesores fueron nominados este año a la versión local del Global Teacher Prize, el concurso que busca reconocer a los mejores docentes del país. De ese total, poco más de 700 se inscribieron para continuar en la carrera. En octubre -en una ceremonia en la que se espera esté presente el Presidente de la República- se premiará al mejor de los mejores con 10 mil dólares. Tras la deliberación de un jurado compuesto por la premio nacional de Educación Beatrice Ávalos; el secretario de la Agencia de Calidad de la Educación, Carlos Henríquez, y decanos de distintas Facultades de Educación del país, Elige Educar, la entidad que organiza el concurso en Chile, dio a conocer a los cinco finalistas de la competencia. Son profesores que enseñan distintas materias a niños de diferentes edades y contextos, pero coinciden en su enorme motivación y efectividad. “Al reconocerlos, estamos mostrando al país casos de grandes docentes, especialistas en su disciplina, innovadores y con un enorme compromiso social. Hoy queremos mostrar a Chile y al mundo que contamos con grandes profesores educando a nuestros niños y transformando día a día nuestras salas de clases”, comenta Joaquín Walker, director ejecutivo de Elige Educar. Los cinco profesores -cuyos perfiles se describen más abajo- serán postulados al Global Teacher Prize internacional, premio conocido como el Nobel de la Educación y que entrega un millón de dólares a quien resulta su gran ganador. Felipe Ramírez, Escuela Hospitalaria de Puerto Montt: Gracias al contacto que mantuvo con el Hospital de Puerto Montt mientras preparaba su tesis acerca de educación hospitalaria. Felipe Ramírez optó por mudarse al sur poco después de titularse como profesor de Artes Plásticas en una universidad de Santiago. Hoy, a sus 31 años, dirige la escuela de este centro médico de la Región de Los Lagos. “Trabajamos de manera inclusiva porque el contexto de la pedagogía hospitalaria es así. Tenemos poco más de 50 alumnos que están haciendo el año escolar con nosotros, a los que se suman los niños que están hospitalizados una cantidad de días específicos, que también participan en las actividades que hacemos. Los permanentes son aquellos con alguna enfermedad crónica que suelen estar en tratamiento: niños con tratamiento oncológico, psiquiátrico o en rehabilitación física”, comenta Ramírez a “El Mercurio”. Hace pocas hora supo que era uno de los mejores profesores del país. Se lo contaron en el hospital, mientras sus colegas grababan su reacción. Entre cientos de postulantes, Felipe Ramírez destacó por aplicar con éxito la metodología Aprendizaje Basado en Proyectos, experiencia que llevó a la creación de un libro gigante de 20 páginas, cada una de dos metros, en las que sus alumnos exploraron sus emociones. También destaca por su aplicación de la técnica Land Art, que involucra hacer arte en entornos naturales. “Esta semana fuimos a un sitio geológico, un bosque petrificado de alerces”, cuenta. Patricio Acuña, Escuela Adelaida la Fetra (Huechuraba) y Liceo Nocedal (La Pintana) Patricio Acuña tiene 57 años y destaca por promover la curiosidad de los estudiantes a través de sus cursos de tecnología. Él enseña robótica a los alumnos de la Escuela Adelaida la Fetra de la Pincoya, en Huechuraba, y del Liceo Técnico Profesional Nocedal de la población El Castillo, en La Pintana. “Mi idea es insertarla en los procesos de formación. Ir más allá de los talleres, que suele ser lo común. Creo que puede ser una herramienta pedagógica potente para enseñar sobre matemática o lenguaje”. Es un convencido de que las personas aprenden haciendo cosas. “Para un niño construir algo le hace tenerle afecto, sentirse proyectado en lo que hicieron”. De ahí que su enseñanza sea muy práctica: los estudiantes del Liceo Nocedal -establecimiento que forma parte de la Red de Escuelas Líderes- instalaron un sistema funcional de energía eólica y solar en un jardín infantil de Paine, por ejemplo. Los de la Escuela Adelaida la Fetra realizaron mediciones para determinar cuál es la mejor orientación o inclinación de los paneles solares fotovoltaicos, si lo que se quiere es optimizar la generación de energía. Otros alumnos desarrollaron un dispositivo robótico que funciona como dispensador de medicamentos para personas con demencia senil. “El hombre es un ser que construye. Y a medida que construye, va aprendiendo”, explica. Paulina Villaroel, Jardín Infantil Comunidad de Niños Tricahue de Cerro Navia. Estando aún en el colegio, Paulina Villaroel (49) se transformó en esa compañera que enseñaba y hacía clases a quienes no entendían la materia. Fue en esa misma época cuando, trabajando como voluntaria de Conin, comenzó a rodearse de niños. Esta pasión por enseñar y por los temas sociales la llevó a estudiar Educación de Párvulos; es la única de los cinco finalistas del Global Teacher Prize Chile que enseña a preescolares. “Hoy día la sociedad sabe que la primera infancia es la etapa más importante en la vida de todo ser humano; es lo que forma al ser humano que uno es. Sin embargo, sigue siendo minimizado o poco valorado por el común de las personas”, advierte con preocupación. Para ayudar a revertir esta realidad, en 1992, en la población Digna Rosa de Cerro Navia, Paulina fundó el Jardín Infantil Comunidad de Niños Tricahue. El proyecto se creó de la mano de muchas de las pobladoras de la comunidad, quienes a pesar de no tener conocimiento formal se mostraron interesadas en aprender sobre el potencial de la educación inicial. Paulina las entrenó y muchas terminaron obteniendo becas del Centro de Estudios Montessori, donde ella misma se especializó y donde actualmente hace clases. Ruperto Pizarro, Escuela Edmundo Vidal Cárdenas de Vicuña A fines de esta semana, el orientador de la Edmundo Vidal Cárdenas de Vicuña entró hasta el despacho donde Ruperto Pizarro (50) ayudaba a un una apoderada a entender el nuevo Sistema de Admisión Escolar. Le pidió que no se fuera a ir una vez que terminara esta asesoría, porque había una llamada de teléfono esperándolo. Al contestarla, Ruperto Pizarro -profesor de Matemática y director de este establecimiento en la Región de Coquimbo- se enteró de que había sido seleccionado como uno de los cinco mejores docentes del país. “¡Imagina la sorpresa!”, dice riendo. Entre más de 700 postulaciones efectivas, este profesor destacó por enseñar a sus alumnos con clases lúdicas que buscan “mostrar que los profesores de Matemática no somos tan terribles; que podemos ser más payasos”, comenta. Algunos ejemplos son enseñar a niños de enseñanza básica sobre fracciones, invitándolos a comer pizza o hacer clase sobre ángulos tomando como base el trabajo de artistas del Cubismo. En sus clases, además, no es raro que los niños canten, se disfracen, imiten personajes o aprendan con títeres. “Subir la autoestima es una de mis estrategias en el aula. Para eso uso mucho humor”, dice. El buen trabajo de este docente, en conjunto con el resto de la comunidad escolar, se ha visto reflejado en el alza de matrículas que ha tenido el establecimiento en los útimos años. Tanto ha sido el fenómeno, que a Ruperto Pizarro incluso se le nombró Hijo Ilustre de Vicuña. Lorena Céspedes, Escuela Artística Armando Dufey Blanc de Temuco Cuando enseña sobre fluidos a sus alumnos de 3º medio, Lorena Céspedes -profesora de Física en la Escuela Artística Armando Dufey Blanc de Temuco- cree que una buena forma de poner en práctica conceptos como la fuerza de empuje es a través de una competencia de balsas hechas de plumavit. “Sirve para trabajar el concepto de flotación. Todos tienen un trozo de las mismas dimensiones y la idea es que construyan una balsa. Aquella que soporta más peso es la que gana; obtiene un siete automático”, explica. El ejemplo ayuda a ilustrar la forma en que esta profesora ha sabido encantar a sus estudiantes con la materia. Antes de estudiar Pedagogía, Lorena Céspedes (45) inició sus estudios en Física. “Cuando iba terminando la licenciatura, me di cuenta que me gustaba enseñar, así que hice el Plan Especial de Pedagogía. Luego empecé un doctorado en Física, porque estaba en una dualidad de si dedicarme a la ciencia o a la educación”. Con el tiempo “me di cuenta que la educación era lo que me gustaba. Y no la solté nunca, porque me encanta”. Esta motivación también se refleja en su trabajo en Proenta -un programa educacional para niños con talentos académicos de la Universidad de la Frontera-, en el aula virtual que diseñó para hacer retroalimentaciones inmediatas y en la coordinación de los encuentros de robótica que realiza. Fuente: El Mercurio

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