Mínimas acerca de “lo posible” en Educación

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Las mínimas, son ideas que conforman el pensamiento de un sujeto cualquiera, quien utiliza su

potencial de inteligencia para divagar acerca de lo posible, conformando su “corpus de

conocimiento” un artilugio discreto que sólo tiene validez para el que lo piensa, adquiriendo

fuerza sólo en la infinita imperfección de su ser y, al contrario de las máximas, lo formulado está

carente de toda pretensión de ser considerado como un referente, sino que conjuga la aspiración

emocional de pensar y transferir lo pensado como un acto de soberbia e inconformismo.

Constituyen una manifestación discrecional del “ser interior” que se resiste a ser íntimo y que

reclama ser conocido, porque se construye una intuición emanada de una remota forma de

pensamiento, que es declarada explícitamente para que otros la despedacen, ejerciendo el

derecho inalienable de su propia inteligencia a formularse nuevas ideas, nuevas interrogantes,

nuevas propuestas. Eso sí tiene la intencionalidad de agitar rupturas con el inmovilismo, la

indiferencia y la desidia. Así, estas burbujas mentales irresponsables, lograrán desencadenar

nuevas ideas emergentes, más provocadoras que las ideas que les precedieron. Entonces las

“mínimas” parirán las “máximas”, como resultado de la unión de reflexiones irreverentes ante lo

establecido (status quo).

Las redes de contactos se transformarán en redes de colaboración y éstas engendrarán redes de

confianza, naciendo las ideas nuevas que podrán ser las nuevas mínimas de un pensamiento

emergente que arrojará nuevas máximas arrolladoras. Así, la sociedad, la cultura y el mundo

continuarán pensándose, más inteligentes, más libres, más allá de las cosmogonías y las

ideologías, apareciendo nuevos metarrelatos que nos permitirán no sólo imaginar sino que

construir “lo posible” entre todos. Las demandas urgentes de la cotidianidad se batirán en

retirada, para dar paso a los pensamientos estratégicos que prefigurarán el futuro posible.

Mínima 1:

La educación es un derecho que se garantiza para todos, porque todos están llamados a

construir la sociedad y la cultura disponiendo de una formación integral de calidad.

(La educación es un bien de consumo que se justifica como una expresión de la libertad de elegir

de quienes pueden elegir)

Mínima 2:

Se puede educar para vincular los grupos humanos, desde el respeto de sus legítimas

identidades, estableciendo diálogos interculturales que faciliten la transferencia positiva de sus

propias creaciones (transculturación), promueva la reafirmación de sus propias identidades

(endoculturación) y evite la pérdida progresiva de lo que les da valor fidedigno como

agrupaciones humanas, su propia identidad, (aculturación).

(Se forma remitidos al marco de referencia local, desde la singularidad cultural. La

interculturalidad, entendida como diálogo fructífero entre distintas agrupaciones humanas que se

reconocen como iguales, no está incorporada en las prácticas pedagógicas. La educación aún no

logra dimensionarse hacia una cultura a escala humana – sociedad global. Se educa desde el

aprendizaje situado, que es remitido al espacio de los objetos y de los lugares (epistemología de

las cosas objetivas que están en el espacio y el tiempo cronológico, que son dimensiones de la

modernidad) sin escalar hacia el aprendizaje distribuido, que es colaborativo y democrático y que

está remitido al espacio de los flujos intangibles (epistemología virtual que supera los límites de

tiempo y espacio, nueva categoría que caracteriza la transición cultural)

Mínima 3:

La educación puede formar personas inteligentes llamadas a ser sujetos de su propia historia,

sujetos capaces de imaginar y construir sociedades mejores, en las cuales se superen las

consecuencias heredadas de las sociedades que les precedieron.

(La educación moderna – aún imperante en la escuela clásica que se resiste a sintonizar con el

cambio cultural – se ha caracterizado por = positivismo científico, fragmentación del conocimiento,

pragmatismo económico, tecnocentrismo, explotación irracional de los recursos, descalabro

ecológico, brecha social, progreso material antagónico del desarrollo social y cultural,

subvaloración de las expresiones intangibles del espíritu humano y la educación ha sido un medio

para mantener este tipo de sociedad)

Mínima 4:

Para educarse hay que dar cuenta del pasado (“lo conocido”) y, también, hay que prefigurar el

futuro (“lo por conocer”). Para lograrlo necesitamos nuestras experiencias previas y, también, la

exploración de lo que podemos aprender acerca del conocimiento potencial (“lo posible”).

(La educación ha sido una expresión de la sociedad que busca transferir el legado cultural de las

generaciones más viejas a las generaciones más jóvenes. Se enseña lo que se sabe, más que

explorar y descubrir conocimiento)

Mínima 5:

La educación está llamada a formar personas humanas capaces de comprender la realidad desde

un aprendizaje integrador, capaz de interpretar las relaciones existentes en su complejidad. La

realidad es un todo conformado por objetos (realidad objetiva) y por ideas (realidad

inmanente), se necesita avanzar en la integración de las disciplinas, la ciencia, la técnica y las

expresiones superiores del espíritu humano, para comprender desde visiones holísticas la

complejidad de los problemas y de sus soluciones.

(Los estudiantes son expuestos a la especialización del conocimiento, a una tendencia

neopositivista que funcionaliza lo que se aprende con un sentido utilitario y pragmático de porqué

debe ser aprendido. La preeminencia del conocimiento científico y tecnológico neutraliza el valor

de la ética (y la moral), la estética (el arte), la teología (como búsqueda de Dios), la filosofía (el

cultivo del pensamiento en su manifestación más pura), la epistemología (la reflexión acerca del

comportamiento del conocimiento) , la metafísica (la atención acerca de lo trascendente), la

educación cívica (el comportamiento ciudadano), el deporte (el cultivo sistemático de la actividad

física actividad física con finalidad recreativa o de promoción de la salud) y de otras expresiones

superiores del espíritu humano). La educación ha sucumbido ante la búsqueda de la eficiencia

productiva, de la ansiedad instalada en la sociedad del consumo, y del exitismo academicista

propio de la vocación competitiva.

Mínima 6:

Los estudiantes aprenderán “significativamente” cuando sus experiencias de aprendizaje sean

capaces de reorganizar sus identidades (“yo singular”) como resultado de experiencias que les

impacten positivamente en su dimensión intelectual y emocional.

(Los estudiantes aprenden cuando el profesor diseña bien su currículo educacional, dispone de

buenos recursos didácticos y “los evalúa” con instrumentos de medición bien diseñados. Se

supone que los estudiantes “saben” cuando evocan lo conocido, no necesariamente cuando

exploran “lo por conocer”)

Mínima 7:

Los estudiantes inteligentes son los que aprenden a resolver problemas nuevos, son creativos,

innovadores y divergentes. Son capaces de pensar el mundo que conocen y de imaginar otros

mundos.

(Los estudiantes que “saben la materia pasada” son los inteligentes. A los mediocres les va mal en

las calificaciones y deben dar exámenes. Les va mal en las pruebas estandarizadas tales como:

SIMCE, Sistema de Medición de la Calidad de la Educación; PISA, Programme for International

Student Assessment; TIMSS, Third International Mathematics and Science Study o PSU. En lograr

buenos rendimientos académicos radica el éxito del sistema, lo cual niega implícitamente el valor

de una formación integral)

Mínima 8:

Se debería educar para formar personas éticas y morales, capaces de desempeñarse en una

economía sustentable, para que lleguen a ser agentes sociales que desarrollen una identidad

activa y respetuosa, que promueven un desempeño tolerante en una sociedad construida en la

interculturalidad. Educar es formar personas humanas, que se sienten llamados a cultivar las

expresiones más auténticas del conocimiento, la ciencia, la técnica, el arte, el deporte y la

cultura, sin subvalorar ninguna expresión intangible del espíritu humano.

(Principalmente, se educa desde lo que “se sabe” para buscar la eficiencia en la producción de

bienes y servicios. Se educa desde un pragmatismo existencial que tensiona el aprendizaje en

torno de “lo útil” y “lo aplicable”. La identidad cultural está focalizada desde una visión de cultura

dominante, desconociendo que la condición de “mestizaje” es la que otorga identidad auténtica)

Mínima 9:

La calidad de la educación no es neutra (ética y moralmente). Se define en el tipo de personas

que se desea formar, en la antropología-filosófica que orienta la visión del mundo y del hombre

situado en la historia, la sociedad y la cultura, como un ser llamado a buscar la verdad y

desarrollar el conocimiento. Pedagógicamente la calidad de los aprendizajes se debería medir no

sólo por la capacidad de administrar información y por la habilidad intelectual y cognitiva de

evocar conceptos teóricos o experiencias prácticas, registradas en la memoria o en el repertorio

de las vivencias, sino que debería fundamentalmente situarse en la capacidad de co-construir el

conocimiento. Educar en la calidad y basados en la excelencia académica es más que

ponderaciones en pruebas estandarizadas. Constituye una distinción explícita entre formar para

el progreso, que es económico y material, de formar para el desarrollo, que es humano y

cultural. Lo primero es funcional a una sociedad competitiva, materialista y basada en el

consumo. Lo segundo, es funcional a una opción más trascendente, asociada a la inteligencia y a

las expresiones más sublimes del espíritu humano. No es lo mismo educar para formar

prioritariamente ciudadanos eficaces en la producción de bienes y servicios, que educar para

formar personas humanas integrales, con responsabilidad ante la vida, con conciencia estética y

cívica, con una profunda vocación ética hacia la justicia y el respeto del entorno natural y de

quienes les rodean.

(Se están formando sujetos esencialmente productivos y llamados al consumo. La calidad se mide

básicamente por el exitismo académico. Más que gestores de conocimiento se forma

consumidores de información)

Mínima 10:

Es posible soñar con profesores que enseñen para que los niños y jóvenes aprendan siendo

felices. Todo es posible si repensamos la educación

(Los estudiantes aprenden confinados en pupitres inmóviles, expuestos a contenidos

fragmentados e inconexos, con poco tiempo para la sana distracción, el arte y el deporte. Sus

tiempos (el tiempo es vida) transcurren con cierto tedio y desmotivación, obligados a aprender

conocimientos acerca de los cuales muchas veces no logran asignarle sentido intelectual y

emocional para sus vidas).

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