“Mira Julia, yo te explico”. Actitudes machistas que deberíamos eliminar de una vez por todas

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Muchas veces pasan desapercibidas, pero pueden llegar a ser muy dañinas si queremos tener una sociedad con igualdad de condiciones y oportunidades tanto para hombres como mujeres.

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Por El Definido

Durante el último tiempo se ha visibilizado con gran intensidad la desigualdad de género que existe en el planeta. Desde diferencia salarial, pasando por las complejidades adicionales que existen si eres mujer (es cosa de comparar planes de isapre), hasta la el trato que se le da al cuerpo femenino.

Estamos en una cultura que aún es desigual y eso hay que cambiarlo. Por lo mismo, en El Definido sacamos a la luz cuatro actitudes machistas que, si las erradicamos, nos ayudarían a construir una sociedad más justa para todos. ¿Estás de acuerdo?

1. «Mansplaining», ahora no, por favor

Este término fue acuñado en el mundo anglosajón y, aunque no existe una definición oficial en la Real Academia Española, significa algo así como:

“Cuando un hombre le explica algo a una mujer de manera condescendiente”.

Es decir, cuando un hombre asume que una mujer, por el hecho de ser mujer, no maneja cierto tema a la perfección, y por eso, le «traduce» o corrige. Y puede que suene a que es algo muy rebuscado, pero en realidad es un fenómeno que ocurre con frecuencia y que está siendo cuestionado actualmente en la opinión pública.

Uno de los casos más emblemáticos, que cita el diario británico The Guardian, tiene que ver con lo que le pasó a la astronauta de la NASA, Jessica Meir. A través de su cuenta de Twitter, publicó una foto en una cámara que recrea la presión equivalente a la del espacio exterior.

Ahí comentó que menos mal se encontraba con un traje adecuado para eso, ya que en ese lugar el agua hierve espontáneamente debido a la presión atmosférica. El problema llegó cuando un hombre le comentó: “No diría que es de manera espontánea. La presión de la cámara está bajo la del vapor de agua en una habitación con temperatura ambiente. Simple termodinámicas”. Lo cierto es que en realidad sí, Jessica tenía la razón.

Está bien, todos tenemos derecho a opinar, pero ¿enseñarle física a una astronauta con un doctorado en astrofísica? Eso ya es demasiado y, lamentablemente, ser “corregidas” por hombres con menos conocimientos en un tema es una realidad que muchas veces las mujeres deben afrontar.

Nota del periodista: para dejar aún más claro este concepto, explicaremos el otro caso que cita The Guardian en su artículo.

 Algo similar pasó con la doctora en astrofísica, Katie Mack, quien a través de su cuenta de Twitter lamentó el daño que ha causado el cambio climático en el planeta. Tras esto, un usuario de la red social le comentó que quizás debería aprender «ciencia de verdad y dejar de hacerle caso a los criminales que llevan adelante el fraude del #CalentamientoGlobal».

La científica se defendió que ya había aprendido «ciencia de verdad», al contar con un doctorado en astrofísica. Esto sirvió para visibilizar que muchas mujeres, a pesar de contar con los estudios necesarios para hablar sobre un tema en específico, ven que sus opiniones se ven menospreciadas y que, de alguna forma, necesitan validar sus prontuarios académicos con terceros.

2. Acoso callejero (con la mirada)

Sí, todos sabemos que el acoso callejero está mal y que es una práctica relativamente común que deberíamos terminar. Sin ir más lejos, según la encuesta del Observatorio Contra el Acoso Callejero de Chile, en el 2015 el 84% de las mujeres ha sido víctima de acoso en la calle. Entre las formas, están los roces, tocaciones, exhibicionismo e incluso masturbación. Pero el acoso no siempre se manifiesta de esa forma, de hecho, hay una manera mucho más común: con la mirada.

Es verdad que por ahí dicen que en mirar no hay engaño, pero la manera en la que se hace, puede ser igual de intimidante que una tocación o una persecusión. Por ejemplo, el otro día conocí a una chica de Austria que estaba fascinada con Chile. Durante varios minutos la oí escuchar sobre lo mucho que le gusta el país, la modernidad de Santiago y las maravillas del sur.

Hasta que en un momento le pregunté si estaría dispuesta a quedarse a vivir aquí. ¿La respuesta? “Me gustaría, pero no lo haría por el trato que aquí se le da a la mujer en la vía pública. Los hombres te miran como si fueras un pedazo de carne al que están acechando para comer”.

Independiente de si se parecía a Cindy Crawford o no, ninguna mujer debería sentir que caminar por la calle es una agonía. Una miradita no hace daño, pero no es necesario hacerlo al estilo de Jack Nicholson en The shining.

3. Juanita, la esposa de Pedrito

Ser conocido como “el esposo de”, “el hermano de”, “el sobrino de”, etc., puede llegar a ser denigrante. Ahora, imagínate que eso te pase casi siempre. Desesperante. Pues bien, nuevamente, esa es una realidad a la que muchas mujeres se han visto enfrentadas durante su vida.

Es cosa de fijarse en muchos titulares de medios e incluso en algunas invitaciones, las que suelen ser del tipo “Para Rodrigo González y acompañante/Sra.” (aunque está más que claro que Rodrigo irá con su señora María Rosales).

Para burlarse de eso, el medio City A.M. tituló, a propósito del divorcio entre Angelina Jolie y Brad Pitt, de la siguiente manera: “Conferencista de la Escuela de Economía de Londres, se divorcia de su marido actor”. La idea fue hacer notar que muchas veces, mujeres con currículos enormes, largos prontuarios de ayuda humanitaria o grandes talentos, se ven opacadas por estar relacionadas con una figura masculina.

También es cierto que, por ejemplo, no tendríamos idea de qué se trata una noticia que hable de Liudmila Pútina, la ex esposa del presidente de Rusia, Wladimir Putin, si no nos dicen que efectivamente es su ex esposa. Así que es algo que en ocasiones también debe ser ponderado (lo importante es no abusar del recurso de “la esposa de”).

4. ¡Opinemos del cuerpo de la mujer! (Not)

Es un hecho que la figura femenina está mucho más expuesta a ser comentada. Es cosa de ver cómo cada año, los medios titulan para eventos con alfombras rojas que cierta actriz se vio “irreconocible”. Ya sea porque subió de peso, adelgazó, se hizo algún retoque por aquí y por allá, etc.

A quien le pasó esto fue a Renee Zellweger (la actriz de Bridget Jones). En el 2014 asistió a un evento de Elle Women in Hollywood y se llevó la atención de todos. ¿La razón? Se veía distinta. Ese simple detalle desencadenó en una ola de artículos cuestionando los cambios que se había hecho, muchos de ellos incluían la opinión de expertos en cirugía cosmética.

Fue tal la magnitud, que incluso Renee se vio obligada a publicar una columna explicando por qué se veía distinta. ¿No será mucho?

Es cierto que por ser una actriz conocida es, de alguna forma, una figura pública, pero eso no debería justificar que todo el mundo, incluyendo a los medios de comunicación especialmente, se sientan con la libertad de hablar sin tapujos sobre su cuerpo. Y aunque también hay casos en los que hombres se han visto afectados por esto, es algo que le toca afrontar a las mujeres con más regularidad, ya que se le suele juzgar muchas veces primero por su apariencia antes que por su persona o desempeño laboral.

 

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