Naciones no independientes: conoce a estos 4 “países” que no son países

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La problemática catalana, ha abierto el debate de cómo y cuándo un territorio se vuelve un país independiente. A veces se intenta mediante un referéndum y en otras, las circunstancias impulsan la formación de gobiernos autónomos que, aunque no son reconocidos, funcionan como auténticos países soberanos. 2017-10-12-3405ZKP8830Por Tomás Croquevielle en El Definido “Asumo el mandato del pueblo de que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república”. Con estas palabras Carles Puigdemont, el presidente de la Generalitat (el gobierno autónomo catalán), declaraba el pasado 10 de octubre la independencia de Cataluña. Sin embargo, justo después agregó “Propongo que el Parlament (Parlamento catalán) suspenda los efectos de la declaración de independencia para que en las próximas semanas emprendamos el diálogo”, dando a entender que la dejaba en suspenso, en pos de las negociaciones con el gobierno español. Esta aparente ambigüedad, es reflejo de una verdad inescapable: no existe una formula única para que una nación o pueblo consiga su independencia y los caminos posibles son muchos.

¿Cómo funciona la cosa?

Según el derecho internacional son cuatro las condiciones que hay que cumplir para que una nación se vuelva independiente. Tener un pueblo, es decir, un grupo humano con lazos efectivos y de identidad, que crea en su propia nacionalidad. Contar un territorio con fronteras de las cuales se es soberano. Además, poseer un gobierno que pueda administrar las diferentes instituciones estatales, entregando servicios y garantías judiciales mínimas a su población. Por último, tener la capacidad de entablar relaciones con otros estados sobre una base soberana, en las que, por ejemplo, se pueda acordar relaciones diplomáticas. Sin embargo en la práctica, que un territorio o nación se convierta en un país, depende mucho de las circunstancias y de cómo actúe el país que formalmente posee ese territorio. A continuación te presentamos 4 casos de naciones que, como Cataluña, buscan o han buscado obtener su independencia aún sin éxito. Las dos primeras levantaron referéndums en donde la sociedad civil de todo ese territorio se embarcó a en un intenso debate de la conveniencia (o inconveniencia) de volverse un país independiente. En las otras dos, han sido las circunstancias y la falta de capacidad de los gobiernos de mantener el territorio unido, las que han permitido que se formen gobiernos autónomos. Estos, aunque no son reconocidos internacionalmente como estados soberanos, tienen una capacidad de gobernarse incluso superior a muchos países formalmente reconocidos.

Qué el pueblo decida

1. Quebec, la región franco-canadiense que persevera La región de Quebec, la más grande geográficamente de Canadá, ha sido diferente al resto del país debido a sus orígenes franceses. En 1995 el gobierno provincial de Quebec, a manos del Parti québécois (Partido quebequés), llevó adelante un referéndum de independencia (el segundo después del 1980), en donde la opción independentista consiguió el 49,5% perdiendo por solo 50 mil votos frente al NO a la independencia que obtuvo el 50,5%. En la consulta, marcada por un intenso debate, la participación superó el 90% de la provincia.  

Bandera nacional de la provincia canadiense de Quebec.

Tras los resultados, el Gobierno federal remitió la cuestión al Tribunal Supremo de Canadá, que dictó un fallo unánime en 1998, en donde estableció que aunque una declaración unilateral de independencia violaría tanto la Constitución de Canadá como las leyes internacionales, si hay “una mayoría inequívoca en favor de la secesión, a partir de una pregunta clara, (esta) daría legitimidad democrática a la iniciativa de secesión”. Luego la Ley de Claridad (Clarity Act), aprobada el 2000, fue más explícita y estableció las circunstancias en las que el Gobierno de Canadá podría entablar una negociación sobre la secesión de las provincias. Se determinaron los elementos que debe haber en la agenda de negociación entre el gobierno provincial y el federal. Así, Canadá es la primera democracia que admite expresamente, por ley, la posibilidad de que una parte de su territorio se separe del país. Manteniendo abierta la posibilidad de que en un futuro, al pueblo quebequense le reviva su espíritu independentista e intente un tercer referéndum. 2. Escocia, no ganó la independencia, pero sí más autonomía La causa por la autonomía escocesa tiene sus orígenes en la unificación con Inglaterra en 1707. En 1934 se fundó el independentista Partido Nacional Escocés que tras décadas de altibajos, ganó sus primeras elecciones en 2007 y luego en 2011 con mayoría absoluta. Fue entonces que el gobierno escocés y el británico realizaron negociaciones sobre un referéndum de independencia alcanzado en un acuerdo en 2012, que establecía que se celebraría una consulta en el año 2014, en donde ambas partes se comprometían a aceptar el resultado.

Bandera de Escocia, también conocida como Saltire o como Cruz de San Andrés.

Finalmente el referéndum escoses contó, de la misma manera que en Quebec, con una participación masiva de la ciudadanía superando el 85% de participación, donde la victoria la tuvo el NO con el 55% de los votos (2 millones de sufragios) frente al 45% (1,6 millones) del SI a la independencia. Pese al resultado, desfavorable a la causa independentista escocesa, Londres aprobó la llamada “Ley de Escocia”, que trasfirió a esta nación la responsabilidad de fijar el impuesto sobre la renta y parte del IVA, los subsidios de vivienda y desempleo. Buena transacción, ¿o no?

Más exitosos que los países a los que “pertenece”

3. Kurdistán iraquí, estable pero limitado En la extensa área donde colindan Irak, Irán, Turquía y Siria, está ubicada la zona conocida como Kurdistán, territorio en el que habitan entre 30 a 40 millones de kurdos, etnia que aunque mayoritariamente musulmana, es lingüística y culturalmente diferente a las poblaciones árabes, turcas o iraníes mayoritarias en sus países.

Mapa de ubicación, relativa, de lo que se conoce como Kurdistán. 

En este contexto, los kurdos de Irak han tenido una tumultuosa historia de lucha por la autonomía, y tras haber sido masacrados con armas químicas por el régimen de Saddam Hussein en 1988, recibieron protección de las fuerzas multinacionales (encabezadas por EEUU) de la primera guerra del Golfo. Allí se estableció una zona de exclusión aérea en el norte de Irak, forzando la creación de la Región Autónoma de Kurdistán en el país, encabezada por el gobierno Regional de Kurdistán.

La bandera del Kurdistán apareció durante la lucha de los kurdos por su independencia del Imperio otomano y es la que utiliza la actual Región autónoma del Kurdistán iraquí.

Este Gobierno autónomo, ha conseguido considerables éxitos en cuestiones de desarrollo económico y social, siendo considerada una “isla de paz”, de convivencia multiétnica y estabilidad en el caos que trajo la invasión estadounidense a Irak en 2003. Incluso recibiendo muchos de los refugiados que huían de la persecución del Estado Islámico, siendo sus combatientes peshmerga, una fuerza clave en la actual lucha contra los yihadistas. Es decir, lo qué no pudo hacer el propio país, lo tuvo que hacer quienes ni siquiera son reconocidos internacionalmente, en parte por miedo a que se pierda la estabilidad de la zona… esperemos que el gobierno de Irak no se lleve todo el crédito. La actual posición de fuerza y estabilidad del gobierno autónomo del Kurdistán iraquí han impulsado nuevas aspiraciones en la región autónoma. El pasado 25 de septiembre el gobierno regional realizó un referéndum no vinculante sobre la independencia, acusando al gobierno central de Irak deser sectario y de retener periódicamente fondos destinados al gobierno regional. ¿Los resultados? Más el 92% de los votos favorables, generando represalias por parte del gobierno de Irak. 4. Somalilandia, un país más ordenado que el oficial Somalilandia no es un parque de diversiones, sino un verdadero ”Estado inexistente”, que paradójicamente es más real que el Estado al cual formalmente pertenece: Somalia. A comienzos de 1991, tras un enfrentamiento violento con el gobierno central somalí y el colapso del mismo, declararon unilateralmente su independencia, aunque ningún Estado ni ningún organismo internacional la ha reconocido hasta ahora.

Bandera de Somalilandia. 

Somalia no se ha caracterizado precisamente por la estabilidad y ha vivido duras crisis, mientras que Somalilandia ha logrado gobernarse de mejor manera en varios momentos, contando con sus propias fuerzas de seguridad, instituciones y un gobierno electo mediante votaciones periódicas. También tiene su propia moneda e instituciones financieras, con una viabilidad económica, que pese a la extendida pobreza, es bastante mayor que el resto de Somalia. Incluso en 2016, la empresa DP World (con sede en Dubai) ganó una licitación por 30 años para gestionar y ampliar el puerto Berbera ubicado en la zona. El proyecto de 442 millones de dólares, incluye además la reconstrucción de la ruta hasta la frontera con Etiopía (que no tiene salida al mar).

¿A quién le corresponde?

Los procesos vividos por estas cuatro naciones con territorio son un ejemplo, de un mundo donde en la actualidad, menos del 10% de los estados son homogéneos, lo que hace la partición de cualquier país un asunto muy complejo. Aunque los países cambian, la historia lo demuestra. Es por lo mismo que es un desafío del mundo contemporáneo, multiétnico y globalizado, el preguntarse qué es lo que determina que un territorio sea un país independiente y quién es el que lo determina. ¿Debe ser su propia gente la que decida? ¿Es la comunidad internacional? ¿Debe ser una separación pactada con el Estado que lo controla formalmente? ¿Tiene cualquier etnia, nación o pueblo el derecho a formar su propio Estado independiente? Ahí habrá que ver si es más conveniente que cada nación que desea volverse un Estado soberano lo pueda conseguir, o en cambio se privilegien pactos donde se concedan importantes grados de autonomía en cómo se llevan adelante los asuntos internos. El caso de Cataluña, y de muchos otros territorios, es un recordatorio de que esta problemática, al igual que la naturaleza de las naciones-estado misma, es un tema en permanente evolución. FUENTE

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