Niños migrantes: Cómo avanzar hacia una educación intercultural

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Screen Shot 2018-03-16 at 4.56.39 PMFormar a nuestros hijos para aceptar a niños que provienen de otras culturas, es un primer paso para la integración de los inmigrantes a las salas de clases. Pero el tema va mucho más allá. Los colegios deben adaptar sus currículos y actividades, y los docentes tienen que capacitarse en temas como gestión de la diversidad y habilidades culturales. Por Jorge Velasco Cruz, en Revista Hacer Familia ¿Cuántos inmigrantes hay en Chile? La respuesta no es una sola, pero lo que está claro es que su presencia aumenta cada día e incide en ámbitos como la vivienda, el mercado laboral y la educación. Según el informe Coyuntura Económica en América Latina y el Caribe, publicado en mayo de 2017 y elaborado por la Cepal y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), entre 2010 y 2015 la población de inmigrantes en Chile aumentó, en promedio, 4,9% por año. Si en 2010 había 369.436, cinco años más tarde esta cifra subía a 469.436. Y a la espera de los resultados del Censo 2017 sobre este tema, cálculos del Departamento de Migración y Extranjería estiman que este número podría ser aún mayor y acercarse a las 600 mil personas. Uno de los ámbitos que más se ha visto afectado por el fenómeno migratorio es la educación. De acuerdo a cifras del Mineduc, el 2,2% de las matrículas en colegios (municipales, particular subvencionado, particular pagado y sistema de administración delegada) corresponde a migrantes. Es una tasa que todavía dista mucho de lo que ocurre en los países OCDE, donde llega a 10%, pero que ha mostrado un crecimiento sostenido. La variación fue de 99,6% entre 2015 y 2016, y cifras preliminares la sitúan en 25,9% en el periodo 2016-2017. Se calcula que el porcentaje de alumnos migrantes llega al 6,7%. Se trata, entonces, de una gran minoría que probablemente continúe aumentando en los próximos años y que plantea diversos desafíos. ¿Qué rol deben desempeñar los profesores, los establecimientos educacionales y el Estado ante esta situación? ¿Qué sucede, en este contexto, con la acogida que les puedan brindar a los migrantes sus compañeros de curso? “Los colegios deben estar mirando el fenómeno migratorio como un proceso de integración social, ampliación de la cultura y competencias para el siglo XXI. Deben observar a los migrantes nuevos y establecer estrategias de adaptación. Es importante observar el rendimiento, el comportamiento y, sobre todo, entrevistar a las familias para comprender las circunstancias de la migración y el contexto familiar pasado y presente”, comenta Mercedes Celedón, sicóloga con un postítulo en Formadores de Mediadores Familiares y un diplomado en Sicología Educativa. Para Paulina Naudon, periodista, magíster en sociología y socia fundadora de la Fundación Interhumanos, enfocada en los efectos de la diversidad cultural en las organizaciones, los establecimientos educacionales desempeñan un papel fundamental en la integración de los niños. “Son los espacios sociales donde los migrantes se encuentran con la sociedad de acogida. Son el primer lugar en el que participan, incluso antes de que los padres encuentren trabajo. Además, son el espacio social donde los niños de origen foráneo experimentan por primera vez los estigmas de ser ‘no chilenos’”, explica. Screen Shot 2018-03-16 at 4.56.53 PM Ya en el aula, añaden ambas especialistas, el papel de los profesores es esencial, especialmente cuando los alumnos son muy pequeños. Los docentes son vistos por ellos como una prolongación de la familia e incluso como sustitutos de los padres. Y, en el caso de los migrantes, su peso puede ser aún mayor. “Los profesores manejan los códigos de la nueva sociedad y, por lo tanto, el autoconcepto que desarrollen los niños en su proceso de construir una nueva identidad a partir de su origen, está en gran medida determinado en cómo ellos sienten que sus docentes los perciben”, apunta Paulina Naudon, que también es Coordinadora de la Mesa por una Educación Intercultural. Desafíos para la educación Por definición, explica Paulina Naudon, un establecimiento educacional es un lugar que busca una uniformidad cultural, la cual se basa en un conjunto de valores del lugar de acogida y que, en muchas ocasiones, deslegitima aquellos que provienen de otros países. Ese es un choque cultural que puede implicar una situación adversa para los niños migrantes y que, tanto los colegios como sus familias y compañeros de curso, deben ayudarlos a sobrellevar. Hay, entonces, diversos aspectos a tratar en las instituciones educacionales. Un primer paso es dar una buena acogida a los niños migrantes y a sus familias. “Muchas veces, acciones sencillas y genuinas de aceptación y colaboración hacen la diferencia y eso no se olvida, se agradece y permite generar un vínculo afectivo positivo con el país y las personas”, dice Mercedes Celedón, directora de la red de servicios para la educación escolar EduGlobal y de una serie de investigaciones llamada Censos Docentes. En este sentido, es un buen aporte entregar ​información útil para el migrante, como datos prácticos sobre cómo desenvolverse en el día a día, significados de palabras y expresiones, cómo manejarse en el transporte o preguntarles cómo están en lo material y emocional. Un segundo desafío apunta a que los profesores y directivos traten de visibilizar las ideas y creencias de cada niño migrante, para apreciarlo como individuo más allá de los estereotipos (de lo que se cree que es un peruano, un haitiano o un chino, con todos los aspectos positivos y negativos que estos preconceptos pueden contener). La idea es que puedan conocer a sus alumnos para acogerlos y ayudarlos más. Además, el tener alumnos migrantes es una oportunidad para los colegios de aprovechar su diversidad de conocimientos y experiencias. De esta forma, pueden adaptar sus currículums para rescatar esta riqueza cultural y que los migrantes se sientan incorporados. Es una mirada que trata de ir más allá de los aspectos formales más típicos, como la incorporación de festividades y muestras culturales de otras nacionalidades. “Está bien que existan estas celebraciones, porque implican aceptar que la diversidad está presente en la escuela. Pero es sólo un primer escalón y no hay que quedarse en él, porque se enfatiza en las diferencias que separan más que en los aspectos que unen e igualan a todas las culturas”, comenta Paulina Naudon. A estos temas se agrega el desafío de incluir en la formación docente, tanto en pregrado como en postgrado, temáticas de gestión de la diversidad, racismo, habilidades y mediaciones culturales. En tanto, el Estado tiene el reto de entregar cada vez mayores herramientas y recursos para que las escuelas se desarrollen como espacios más inclusivos e integradores. Por ejemplo, puede apoyar en el desarrollo de procesos de nivelación para alumnos migrantes o de cursos de español. “De esta manera –resume Paulina Naudon- se podrá avanzar hacia una Educación Intercultural, entendida como un enfoque pedagógico centrado en el diálogo igualitario de las distintas culturas, donde las asimetrías de nacionalidades no existen y donde los estudiantes son vistos como portadores activos de sus propias culturas”. Un sistema de acogida Sin embargo, más allá de ser migrantes, los alumnos son niños que están pasando por una situación difícil. Tuvieron que dejar su tierra y su mundo. Están en un país que no conocen, que a veces tiene un contexto cultural muy diferente y al cual tienen que adaptarse. Por lo tanto, los establecimientos educacionales, en general, y los docentes en particular, deben estar muy atentos a sus comportamientos. “Las manifestaciones de tristeza en los niños son a veces difíciles de identificar. En algunas ocasiones responden con conductas regresivas, como chuparse los dedos, apegarse excesivamente a la figura de cuidado, ansiedad ante las separaciones con los padres, manifestaciones de enojo, tristeza, falta de energía y de motivación con actividades que antes disfrutaban más. Pueden refugiarse también en los juegos on-line o manifestar las etapas del duelo: ira, negación, negociación, depresión y aceptación”, explica Mercedes Celedón. Para ayudarlos en la sala de clases, recomienda esta sicóloga, hay que tratar de empatizar con ellos, preguntarles cómo se sienten, hablar de su país de origen, de las cosas que extrañan y compartir con ellos los sentimientos de alegría y pena en relación al cambio de país. Screen Shot 2018-03-16 at 5.02.20 PMA su vez, en sus casas deben tratar de mantener algunas costumbres, para así transmitir la sensación de estabilidad. A ello se suma el mantener el contacto con amigos y familiares por redes sociales, compartir recuerdos y hablar del país de donde vienen. “El hogar es fundamental. Es el lugar del afecto y seguridad por esencia. El duelo está en todos sus integrantes, lo cual le agrega una dificultad mayor, por lo que es importante mantener ciertos hábitos y reforzar el sentimiento de amor. Un factor que puede colaborar es traer de la casa de origen o de la pieza original del niño o niña, un objeto significativo, pues esos objetos se impregnan de afecto y ocupan un espacio de contención emocional”, comenta Mercedes Celedón. ​ Los compañeros de curso también desempeñan un papel esencial en la adaptación de los niños migrantes. Por ello, es importante fomentar en sus hogares la aceptación de la diversidad, a través de juegos, películas y otras actividades que ayuden a percibir a las otras culturas como un factor que enriquece el lenguaje, los gustos y las maneras de vivir. “Aprender de otras idiosincrasias y costumbres entrega una forma de percepción y de estar en el mundo que pone en perspectiva nuestra propia cultura y, sobre todo, permite tener una mayor vinculación con el medio. La percepción de lo diferente como una amenaza, como motivo de burla o de discriminación, es un factor que, hoy en día, en un mundo más abierto y global, no colabora al desarrollo de personas para el siglo XXI”, finaliza Mercedes Celedón.   Consejos prácticos para una mayor inserción: Proyecto Institucional:

  • Hacer una autoevaluación del establecimiento y de los docentes sobre prejuicios y estereotipos que se tienen sobre las distintas nacionalidades y el nivel de conocimiento de los sistemas educativos de los países de origen de sus estudiantes.
  • Analizar los procedimientos de integración que tienen para las familias migrantes: qué acciones se hacen, qué información se entrega, chequear que el material didáctico sea pertinente a las nacionalidades presentes en el aula, tipo y frecuencia de actividades multiculturales, espacios para involucrar a la familia.
  • Crear un protocolo de bienvenida a familias inmigrantes.
  • Contar con mediadores culturales. Si no es posible contratar uno, crear un sistema de  voluntariado desde los propios apoderados o la utilización de herramientas tecnológicas que posibilite a las docentes comunicarse mejor con sus alumnos y familias de habla no hispana.
  • Formar comunidades de aprendizaje, donde los profesores estudien textos relacionados con la temática migratoria, se realicen análisis grupales y se expongan reflexiones y conclusiones en plenarios, a fin de generar propuestas para modificaciones y/o adaptaciones en los contenidos de aula.

Trabajo en el aula:

  • Definir categorías comunes entre las culturas de origen presentes, para abordar distintas temáticas y construir nuevo conocimiento compartido.
  • Establecer figuras como la de “Tutores Pares”, que son alumnos de origen extranjero que apoyan a los nuevos alumnos en cómo es la escuela, los juegos, el nombre de los compañeros, ayudarlos a estudiar y hacer tareas, entre otras funciones.

Profesorado:

  • Desarrollo de habilidades interculturales (empatía, escucha neutra) en profesores, grupos directivos y personal no docente. “La experiencia escolar comienza desde la puerta de entrada a la escuela, sigue en las aulas, en los recreos, en el momento de ir al casino, en las reuniones de apoderados, etcétera”, dice Paulina Naudon.
  • Formarse en Educación Intercultural.

Por Jorge Velasco Cruz, en Revista Hacer Familia      

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