Noticia más leída de la semana: Singapur tiene las mejores escuelas del mundo, pero quiere superarlas

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El gobierno quiere alumnos no solo sobresalientes en los exámenes, sino también que sean creativos.

SingapurLa biblioteca de la Escuela Primaria Woodgrove ha sido convertida en un “MakerSpace”. Después que terminan las clases regulares alrededor de las 2 p.m., los alumnos asisten a sesiones como diseño en 3D, cinematografía stop-motion y codificación para robots. Los profesores lo dejan en manos de los niños una vez que les han explicado cómo funcionan las cosas. El mensaje general es que está BIEN que fallen, dice un instructor. Un jueves en la tarde, justo después del descanso de verano, un niño se detiene para explicar que estas sesiones son un cambio agradable: si él no estuviera aquí, solo estaría estudiando en casa.

Las escuelas de Singapur han tenido desde hace tiempo una reputación por la enseñanza didáctica, aprendizaje de las materias a fuerza de repetirlas, y brillantez académica. Sus alumnos lideran las clasificaciones en el Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA) de la OCDE, una prueba trienal para niños de 15 años en todo el mundo, y el Estudio Internacional de las Tendencias en Matemáticas y Ciencias (TIMSS), para niños de 10 y 14 años.

Sin embargo, décadas de crecimiento económico han cambiado las prioridades. Andreas Schleicher de la OCDE estima que la educación de Singapur está experimentando “una revolución silenciosa que ha pasado casi totalmente inadvertida en Occidente”. Los políticos ahora esperan unir los buenos resultados de los exámenes con el fomento de las habilidades que ayuden a los estudiantes a trabajar en el creciente sector de servicios de la ciudad, e incluso a que tengan una vida plena. “No se trata solamente de enseñar cómo ser inteligente, sino cómo ser un mejor ser humano”, expresa entusiasta Heng Swee Keat, ministro de Hacienda del país, quien estuvo a cargo de la educación en 2011-15.

A diferencia de una mayoría de revoluciones, este es un proyecto gradual, a largo plazo. Los cambios más perceptibles hasta ahora han sido reducir la presión sobre los niños que dan exámenes. En 2012, el gobierno eliminó las clasificaciones para las escuelas secundarias, las que creía que tergiversaban las prioridades de los profesores. Igualmente dejó de publicar los nombres de las que ocupaban los primeros lugares y amplió los criterios que se utilizaban para el ingreso a las mejores escuelas secundarias. A partir de 2021, los que terminen la enseñanza primaria ya no van a recibir una calificación precisa, sino una nota general.

Los cambios más significativos están latentes bajo la superficie. El Ministerio de Educación publicó una lista que parece confusa de “Competencias del Siglo XXI” (entre ellas “conocimiento de sí mismo” y “toma de decisión responsable”) que quiere que cada alumno adquiera. Wong Siew Hoong, director general del Ministerio de Educación, indica que ellos informan casi todo lo que hace su departamento. Las preguntas de los exámenes, por ejemplo, se han replanteado para que tengan un final abierto, con el fin de estimular el pensamiento crítico como también el conocimiento de un tema. Las evaluaciones de los profesores miden no solo el desempeño académico sino también el desarrollo social de los alumnos.

Los métodos de enseñanza están cambiando también. Todos los profesores tienen 100 horas de capacitación al año. Aprenden nuevas técnicas pedagógicas, las que estimulan el trabajo de grupo y las discusiones entre profesor y alumno. Según la explicación de Yan Song, estudiante de la Escuela Secundaria Deyi, quien se trasladó desde China cuando estaba a medio camino en su educación, en Singapur ellos se centran “en cómo uno se comporta como ser humano”. En China, en comparación, “se estudia del día a la noche”.

El cambio final ha sido alinear la sala de clases con el lugar de trabajo. En 2023 casi todas las escuelas tendrán programas de “aprendizaje aplicado” en ramos como computación, robótica y electrónica, pero también drama y deportes. El énfasis en todos ellos es en la práctica en ambientes “del mundo real”; no hay exámenes. En la Escuela Secundaria Deyi se utiliza el periodismo de difusión como una forma de mejorar las habilidades de comunicación, por ejemplo. El Ministerio de Educación también ha contratado a 100 orientadores profesionales. Muchos trabajaban anteriormente en la industria. Ellos siguen con atención la escasez laboral y trabajan con las escuelas para informar a los niños sobre sus opciones, tratando a menudo de llevarlos más allá de las profesiones “tradicionales” como la banca, la administración pública y la medicina.

Convencer a los padres de que hay más en la vida que los resultados de los exámenes y un empleo en una industria de alto nivel es difícil. El Ministerio de Educación trabaja con grupos de apoyo parental y figuras de influencia en línea, organiza seminarios y participa activamente en las redes sociales para difundir el mensaje. Tay Geok Lian, un orientador profesional, cuenta que algunos padres, especialmente los más ricos, están empezando en realidad a ver más allá de las profesiones habituales.

Sin embargo, algunos hábitos son difíciles de cambiar. Muchos niños reciben clases particulares después de la escuela. Jacqueline Chua, quien dirige Paideia Learning Academy, un centro de enseñanza en un sector residencial de la ciudad, asegura que los padres no están menos interesados en sus servicios. “El sistema impulsa el comportamiento”, explica. “Los niños están estresados porque sus padres lo están…Y eso es porque entienden lo que tienen por delante”. El examen al término de la enseñanza primaria, que lo dan niños de 11 o 12 años, es un punto de presión crítico. Los alumnos sobresalientes terminan en las mejores y más selectivas escuelas y pueden esperar un futuro de estudios en el extranjero y altos cargos de gobierno. A aquellos que no les va bien entran a la formación profesional. El gobierno no tiene planes de poner fin a la selección.

La dirección de la trayectoria es, sin embargo, clara. Las autoridades manifiestan que no ven ninguna razón de por qué los resultados no deberían incluirse en la búsqueda de fomentar alumnos más polifacéticos. Educadores de todo el mundo han tratado por largo tiempo de reproducir el éxito de Singapur. Muchos admiran la calidad de preparación de los profesores, las clases muy bien definidas y la planificación a largo plazo del gobierno. Con esos fundamentos tan sólidos, el sistema de Singapur está en una buena posición para una reforma. Según observa Heng, el ministro de Hacienda, “Si quiere unir los puntos, tiene que tener los puntos primero que todo”.

Fuente: El Mercurio

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