Nuevas exigencias para carreras de pedagogía

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La ley que establece la acreditación obligatoria, ha generado consecuencias predecibles. Muchas carreras de pedagogía no alcanzaron los estándares mínimos para seguir operando.

Editado por Eileen San Martín.

Fotografía de Diario Concepción.

La reforma educacional tiene innumerables prismas que resultan necesarias para asegurar la calidad de la educación. La acreditación ha ocupado un lugar permanente en este contexto. Ha sido una suerte de clasificación por niveles de calidad que ha dejado a algunas instituciones y programas fuera del marco de lo aceptable.

La nueva ley de educación ha trazado líneas muy precisas en lo que tiene que ver con la calidad de los docentes. Así, se establece la acreditación de las carreras de pedagogía, como una condición inescapable. Del mismo modo, también la acreditación de las universidades donde estas carreras se dictan.

La normativa ha generado consecuencias predecibles para quienes estaban al tanto del estado del arte. Muchas carreras de pedagogía no alcanzaron los estándares mínimos para seguir operando. Además, existen instituciones y programas que no acreditaron, o no quisieron someterse al proceso.

El futuro de las carreras docentes

En resumen general, 58 programas tuvieron que cerrar sus puertas para alumnos de primer año en 2019. La razón es porque las universidades que las impartían no habían cumplido con el requisito de acreditación que exige la Ley N°20.903.

Por mucho que sea el impacto de ver desaparecer proyectos endebles o el cierre de instituciones, hay que rescatar que este nuevo y exigente filtro va dirigido a mejorar las competencias del futuro pedagogo.

En todos los ámbitos, el factor más relevante de la educación es la calidad humana, intelectual y técnica del profesor. Es un referente de primer orden para quien se está formando. Por tanto, un actor imprescindible para las generaciones del presente milenio.

Es imperioso que el profesor chileno recobre el posicionamiento obtenido en el pasado. De este modo, debe asegurarse que sean los mejores, desde el momento de su selección como estudiantes de pedagogía, a lo largo de su proceso formativo y hasta el momento de entregarle las condiciones para su mejor desempeño. 

Un proceso de esa naturaleza tiene efectos colaterales para quienes no estén a la altura de las exigencias. Se trata de un bien fundamental para el desarrollo del país. Es un precio a pagar inevitable.

Fuente: Diario Concepción.

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