Pensar como científicos mejora el aprendizaje del estudiante

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mejorar aprendizaje Clases desafiantes que partan con planteamiento de preguntas, incluyan experimentos, trabajo en equipo y den la oportunidad de cometer errores, para finalmente hallar una respuesta, conducen a un entendimiento más sólido de los contenidos.

Por Janina Marcano (El Mercurio)

Carl Wieman (67), Premio Nobel de Física 2001 y experto en educación, cuenta que hace 30 años, cuando trabajaba como investigador, se encontraba constantemente con un hecho que lo dejaba perplejo.

«Alumnos que tenían años estudiando física se integraban a mi equipo y veía que no eran capaces de hacer una investigación de forma efectiva», cuenta este experimentado profesor que hace clases en la Universidad de Stanford.

Esto lo llevó a preguntarse cómo aprenden las personas. Y dice que quiso averiguarlo como lo haría un científico, con investigaciones.

Recientemente, el físico dio una conferencia en el Congreso Internacional de Innovación Educativa (CIIE) que se realizó en Monterrey, México. Allí presentó parte de lo que ha encontrado en más de 20 años de investigaciones.

Wieman plantea que se puede mejorar dramáticamente el aprendizaje de los alumnos al enseñarles a pensar como científicos. Esto se basa, principalmente, en la práctica constante, o lo que él llama pensamiento intensivo, y la toma de decisiones para resolver problemas.

Según explica, este método implica que los profesores planteen preguntas, permitan que sus estudiantes elijan un camino para hallar respuestas, dejen que se equivoquen y se comuniquen entre ellos para elegir otra ruta. Además, deben entregar retroalimentación.

«Hemos hallado que esta clase activa y basada en la lógica de pensamiento científico no solo beneficia a débiles o fuertes, sino que todos mejoran sus calificaciones», dijo Wieman durante su charla.

Más de una decena de investigaciones que han probado el esquema en varios países, incluido Chile, respaldan sus afirmaciones.

La más reciente evaluó a dos grupos universitarios de EE.UU., uno que estudió un contenido bajo el sistema tradicional de enseñanza con clases expositivas y otro que tomó decisiones, resolvió dudas y practicó problemas constantemente.

«Recablear» el cerebro

«La diferencia entre las calificaciones era increíble. ¡Ni siquiera cabía en la misma escala!», dice Wieman. «Esto ocurre en respuesta a un pensamiento intensivo capaz de ‘recablear’ el cerebro para mejorar sus capacidades», explica.

Parte de sus estudios han demostrado esta transformación a través de resonancias magnéticas que arrojan una mayor conexión neuronal.

«Estoy convencido de que esto aplica para muchos ramos, incluso los que no tienen que ver con ciencia, porque se trata de cómo funciona el cerebro humano».

Su método ha sido probado en el país por el Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la Universidad de Chile.

Un estudio realizado el año pasado evaluó a 48 cursos de cuarto básico de 24 colegios de Santiago dividiéndolos en dos grupos. Así encontraron una diferencia superior de entre 15 y 17 puntos en los resultados de matemática de la prueba Simce de quienes estudiaron bajo la lógica de Wieman.

Roberto Araya, académico del CIAE que participó en el experimento, comenta: «Es potente. Eso para un cuarto básico es como si hubieran estado aprendiendo medio año más que el resto».

«Hay cada vez más evidencia de que el aprendizaje tiene que ser activo. Es importante que el estudiante practique, mida, revise datos y ajuste, y básicamente así se hace la ciencia», agrega el especialista.

Carmen Gloria Garrido, experta en sistemas de enseñanza de la Facultad de Educación de la Universidad Andrés Bello (UNAB), también ha evaluado este enfoque.

Obligados a indagar

Según cree, el estudiante que parta haciéndose preguntas, como lo haría un científico, se mueve en el ámbito de las incertezas y, desde el punto de vista cognitivo, esto produce un desajuste que lo obliga a indagar y generar nuevas ideas.

«La experimentación que tiene la ciencia y que es no quedarse solo en lo teórico es un abordaje que ha demostrado ayudar a entender mejor algunos fenómenos», dice Garrido.

Otro aporte de esta metodología tiene que ver con la autonomía, opina Felipe Kong, académico de la Facultad de Educación de la Universidad Diego Portales.

«Dejar que el estudiante avance, se equivoque y vuelva a atrás es importante, porque lo obliga a pensar y no a asumir el contenido como un dogma, sino como un proceso de construcción con una mirada creativa», analiza Kong.

Algo que Weiman dejó claro durante su conferencia es que «la educación de hoy no tiene nada innovador». Pese a ello, se despidió con un mensaje alentador para los profesores: «Pero si tú intentas dirigir a tus alumnos con técnicas respaldadas por la evidencia, eso sí que es innovador y tiene mucho potencial», puntualizó el premio Nobel.

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