¿Por qué es importante formar la ciudadanía digital?

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La historia de la humanidad ha sido un largo proceso, corto en realidad si consideramos toda la historia del Universo. Durante un período aún más corto –el siglo XX-, el ser humano dio el salto más grande en términos de progreso tecnológico.

celuTecnología puede entenderse como toda herramienta creada por el hombre para facilitar la realización de determinadas acciones. Tomando en cuenta este significado, es posible considerar que nunca han sido un fin en sí mismo. Son herramientas, esto es, medios que nos permiten lograr ciertos fines. Un tenedor es útil para alimentarse y un lápiz para comunicar de manera escrita lo que se está pensando. Una tecnología puede ser beneficiosa o perjudicial. El uso que los seres humanos le demos a las tecnologías, determinará las ventajas o desventajas que éstas puedan generar en nuestra sociedad.

Durante la segunda mitad del siglo XX -y lo que va de este período- ha surgido una transformación cultural a nivel global. El desarrollo informático –caracterizado por un vertiginoso y rápido avance de las nuevas tecnologías- ha venido junto a una transformación en las lógicas de pensamiento y comunicación de las nuevas generaciones. Aparecen así, expertos que reclaman un replanteamiento de la educación y de la forma en que convivimos. Emplean nuevos conceptos, términos que se refieren a la profundización de la brecha generacional existente hoy entre adultos y jóvenes. Sólo por nombrar algunos ejemplos, hoy debemos reflexionar acerca de los nativos e inmigrantes digitales, la alfabetización digital… la brecha digital.

El mundo está hoy compuesto por diversas dimensiones de convivencia: los entornos físicos y los espacios virtuales. Tenemos que ser y compartir con otros en estas dimensiones, generándose una multiplicidad de identidades. Esto permite explicar la proliferación de fenómenos como el Cyberbullying, la suplantación de identidad, el Grooming, la sextorsión de menores, y tantos otros riesgos que han aparecido como expresión de los posibles perjuicios que trae el uso de nuevas tecnologías. El mundo virtual, liderado por la interacción a través de las redes sociales, se ha convertido en un entorno de coexistencia inconsciente, donde es difícil dimensionar las consecuencias de nuestros actos. Los límites entre los comportamientos constructivos y aquellos nocivos se perfilan de manera más borrosa que en el mundo físico. Al ser virtual, no palpable ni medible físicamente, nos hemos adueñado del derecho de manifestar los pensamientos/ideas/emociones que queremos, sin filtros, sin importar si éstas generan o no un impacto en otros, sin considerar si estamos faltando el respeto o la dignidad de otros.

Sumado a estos riesgos, mientras los niños y jóvenes se desenvuelven a través de distintos micromundos virtuales, los adultos nos vamos alejando de ellos. En primer lugar, porque no hemos desarrollado la alfabetización digital necesaria para comprender y desenvolvernos de manera natural en los nuevos entornos de convivencia social. Nos resulta difícil aprender a manejar las nuevas herramientas que ellos utilizan, lo que a su vez genera temor a emplearlas e incomprensión. En segundo lugar, porque, al no conocer sus mundos de coexistencia social, nuestra manera de ver la realidad se distancia cada vez más de la suya.

            Pero el uso de nuevas tecnologías no sólo ha sido dañina para la humanidad. También ha aportado con un sinfín de beneficios, sobre todo en lo relacionado con el aprendizaje, el desarrollo de habilidades y la colaboración. Teniendo en cuenta sus desventajas y beneficios, ¿qué camino debemos seguir?, ¿prohibimos su uso para prevenir los riesgos? Está comprobado que, en la medida en que se impide el uso de ciertos sitios Web o aplicaciones, los jóvenes encuentran formas de vulnerar esa prohibición y utilizarlas fuera del alcance de los adultos. Por lo tanto, la sugerencia se dirige más hacia el desarrollo de una alfabetización digital adulta, a una toma de conciencia acerca de la importancia del uso crítico de las nuevas tecnologías y a la reflexión en torno a buenas prácticas asociadas a su uso.

Hoy la ciudadanía se compone por la coexistencia de los seres humanos en distintas dimensiones: físicas y virtuales o digitales. Tomar conciencia sobre la importancia de desarrollar una ciudadanía digital, nos permitirá prevenir riesgos y formar una sociedad que se cuide y se respete en diversos entornos. El deber de los adultos (de las familias en primera instancia y de la escuela en línea con la familia) consiste en conocer el mundo virtual, alfabetizarse, para estar en condiciones de acompañar a los niños y jóvenes en su convivencia social de manera integral. Para lograr esto, es de suma importancia que estemos familiarizados con los mundos en los cuales se desenvuelven, aprendiendo a manejar sus herramientas y promoviendo una reflexión crítica sobre el uso de Internet con sentido desde edades tempranas.

Las tecnologías han llegado para quedarse. Son parte integral de la vida de las nuevas generaciones y tienen el potencial de generar un sinfín de beneficios. Tenemos dos opciones: o las incorporamos, aprovechamos sus ventajas y promovemos su uso ético; o continuamos conservando una convivencia inconsciente, que permite la proliferación de riesgos y expone a los jóvenes a vivir experiencias que los pueden dañar.

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