Posibilidad de maltrato escolar es cinco veces mayor para niños con riesgo de salud mental

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Los estudiantes que se autodefinen como irritables o que dicen estar la mayor parte del día tristes tienen mayores probabilidades de ser maltratados o agredidos por sus pares. Invertir en programas tempranos de salud mental podría ayudar a disminuir la violencia a largo plazo. Por Margherita Cordano (El Mercurio) child-1439468_1920La salud mental es una de las causas más importantes de licencias laborales en el mundo. Si existen problemas y estos no son atendidos, es probable que se vuelvan “un impedimento en el ámbito de la autonomía de las personas, de su vida social. A veces incluso más que la salud física”, advierte la académica de la Escuela de Psicología de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Verónica López. Como directora del Centro de Investigación para la Educación Inclusiva, se ha dedicado a investigar cómo desde las escuelas se pueden fomentar estrategias de prevención temprana. En su más reciente artículo, que escribió con otros siete profesionales y fue publicado en el Journal of Child and Family Studies, se analiza cuál es la relación entre el nivel de violencia escolar (medido como el grado de victimización que dicen sentir estudiantes de 6° básico del país) y el riesgo de salud mental de los alumnos. El estudio analizó los casos de 10.532 niños de 405 colegios de Chile. Para ello se usó la base de datos del programa Habilidades para la Vida, de Junaeb, una iniciativa que busca prevenir y promover la salud mental en el contexto escolar. Los más vulnerables “Nuestro programa cuenta con uno de los sistemas de detección de riesgo más grandes del mundo. En nuestros 20 años de historia hemos realizado alrededor de un millón 700 mil registros de salud mental infantoadolescente. Además, contamos con un sistema de monitoreo de convivencia escolar que se perfila, de igual manera, como uno de los más grandes a nivel mundial. Ese monitoreo en un año de funcionamiento se ha aplicado a 59 mil estudiantes de 5° a 8° básico”, explica Felipe Peña, psicólogo y coordinador nacional de Habilidades para la Vida. Los resultados del estudio liderado por López muestran que los estudiantes de 6° básico identificados como en riesgo de desarrollar problemas de salud mental tienen cinco veces más probabilidades de ser maltratados por sus pares, en comparación con quienes no presentan este riesgo. En la práctica, esto implica ser víctima de bullying o sufrir de violencia física. Para identificar a los niños en riesgo de desarrollar problemas de salud mental se realizaron cuestionarios con preguntas como si se han sentido irritables en el último tiempo o si están tristes la mayor parte del día, entre otras. “Los niños con riesgo de salud mental suelen ser menos adaptados socialmente, lo que los vuelve más vulnerables”, indica Michael Murphy, coautor del estudio e investigador del Departamento de Psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard. “Estamos hablando de una población en riesgo de pasarlo mal en muchos sentidos dentro de la escuela. A nivel de estrategia de intervención, esto es muy importante, porque da cuenta de que necesitamos, primero, reconocer que hay una diversidad de estudiantes, y que entre esos hay algunos que necesitan apoyo. Si se invierten recursos tanto en programas de salud mental escolar como programas de convivencia escolar, mejora el clima del aula y la violencia entre pares va a disminuir. Porque en el fondo están correlacionados”, dice López. Hasta ahora, agrega, en Chile es común que los equipos psicosociales de los establecimientos educativos se dediquen “fundamentalmente a estrategias de atención de tipo individual. Se centran en estudiantes individuales, porque piensan que para eso están contratados”. Es decir, más que fomentar una convivencia sana desde un principio y con todos los alumnos, se trata a quienes ya presentan problemas. Normas, sin atorar “A nadie le va a hacer mal tener un clima escolar que es nutritivo, apoyador y que entrega suficientes normas, pero sin atorar a los estudiantes. Eso genera las condiciones necesarias para disminuir las probabilidades de que ocurra bullying y victimización”, agrega López. Y utiliza la metáfora de una pirámide: la base se debería trabajar con todos, luego continuar con estrategias focalizadas para grupos en riesgo y, finalmente, en la cúspide y en menor medida, centrarse en quienes efectivamente necesitan atención individual. “A medida que logramos el bienestar de la mayor cantidad de integrantes de la comunidad educativa -docentes, directivos, equipos de gestión, familias y estudiantes- se logra la disminución de situaciones de violencia o dificultades entre las personas”, dice Felipe Peña. El programa Habilidades para la Vida recomienda, por ejemplo, trabajar empoderando a los directores para que sepan desarrollar competencias para la promoción del bienestar, fomentar la idea de comunidad entre compañeros y hacer a las familias partícipes de lo que ocurre en los colegios, para así generar mayores vínculos.

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