Programa educativo chileno basado en la creatividad es reconocido por Unesco

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Programa educativo chileno

Anna Nador – El Mercurio

Con círculos de diálogo, celebraciones, trabajo colaborativo, clases en formato taller y sin uniformes, la “pedagogía de la creatividad” busca profundizar y reencantar tanto a profesores como estudiantes con el proceso de aprendizaje.

Además de su aplicación en el Colegio Kopernikus en Frutillar, desde 2018 la fundación del mismo nombre ha desarrollado iniciativas para expandir su alcance, como el programa “Aprendizaje creativo”, que fue reconocido por la Unesco este año por ser un aporte a mejorar la calidad de la educación.

“A la fecha, el programa se ha implementado en 25 establecimientos donde han participado sus equipos directivos, más de 70 profesores, 10 agentes creativos y más de 1.550 estudiantes”, dice Rolf Hitschfeld, director ejecutivo de Fundación Kopernikus, impulsora de la “pedagogía de la creatividad”.

Modelo de escuela

“Esta pedagogía es un marco de enseñanza que se ha desarrollado desde el Colegio Kopernikus junto con los socios internacionales que tenemos en Inglaterra y Alemania”, explica Hitschfeld.

Y puntualiza: “Este tipo de aprendizaje busca desarrollar la creatividad, pero sobre todo generar un entorno en la escuela que propicie el desarrollo de la creatividad. Más que una didáctica pedagógica es un modelo de escuela que es más favorable para que la creatividad se desarrolle”.

Por ello, en el Colegio Kopernikus, comenta Paloma Mas, profesora de educación media de esta escuela, “basamos nuestra enseñanza en los cuatro pilares del ‘Jenaplan’, que son el trabajo, el diálogo, la celebración y el juego”.

Alto funcionamiento

Por ejemplo, promueven la comunicación con círculos de diálogo al empezar y terminar la semana y fomentan el juego tanto en el recreo como con actividades en el aula. También se basan en los cinco hábitos de la mente creativa que son el ser disciplinado, colaborativo, persistente, imaginativo e inquisitivo.

Por ello, acota Mas, “hacemos una planificación del semestre escolar de doble entrada, en la que buscamos en una unidad cubrir una temática en particular del currículum nacional, pero también potenciar uno de los cinco hábitos de la mente creativa como lo es la colaboración”.

Otro de los ejes de este marco pedagógico son las clases de alto funcionamiento, explica. “Estas se parecen al formato de talleres, son dinámicas y en ese contexto el profesor o profesora toma más el rol de un guía que acompaña a los estudiantes a lograr los objetivos establecidos para la clase”.

Con ese formato también impulsan la autonomía de los escolares, quienes son responsables de entregar sus trabajos sin una constante presión del profesor, comenta.

Por su parte, Rolf Hitschfeld agrega que “las clases de este tipo son más auténticas, tienen un formato parecido al de taller, incorporan las emociones y las capacidades individuales de los estudiantes, donde salen de la sala, entre otros aspectos”. Como, por ejemplo, una clase de matemáticas en la que los estudiantes hacen mediciones de ángulos en la cancha de fútbol.

Sin embargo, explica la profesora, “aunque se intenta hacer lo más posible clases de alto funcionamiento, también sabemos que a veces necesitamos clases de bajo funcionamiento, en las que el profesor está adelante y los estudiantes en sus pupitres, para sentar la base de ciertos temas”.

En ese sentido, dice Hitschfeld , “entre los beneficios de esta pedagogía y desde el punto de vista de los profesores, les ha ayudado a reconectarse con su pasión por enseñar. Y también desde el punto de vista de los estudiantes los niños recuperan la motivación por estudiar y la autoestima académica”.