¿Qué aportan los procesos educativos al desarrollo de la cultura de paz?

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MafaldaCabe preguntarse: ¿Qué aportan los procesos educativos a las posibilidades de convivencia pacífica en comunidades y contextos sociales, independientemente de su ámbito, al desarrollo de la cultura de paz?

Los procesos educativos -formales e informales- son y serán siempre el pilar para la consecución de una cultura de paz, por ello es importante destacar que la base de estos procesos es la formación en valores/principios que permiten al ser humano actuar responsablemente en una “toma de decisión” que influya en la sociedad. De acuerdo a lo anterior, la respuesta que los procesos educativos dan a la cultura de paz, es el suministro de valores -universales como subsidiarios- que le proporcionan al individuo un desarrollo integral, facilitándole su inclusión, participación y comprensión del otro y de su contexto social.

Por tanto, es en los procesos educativos donde nacen los individuos capaces de poseer y transmitir un comportamiento pacífico y creadores de conciencias críticas que transformen una sociedad con miras a la no violencia. Pues así, se logra la sana integración con personas de la misma o  diferente cultura, dando a conocer la propia, respetando y comprendiendo la otra.

El hombre mediante sus procesos educativos llega a entender y comprender la realidad, acercarse a ella, explorarla y al mismo tiempo aclarar la visión del mundo y responder a las exigencias que esta realidad conlleva. En consecuencia, contribuye con la sana convivencia enraizada en el respeto de los Derechos Humanos.

Resaltando las condiciones individuales y sociales de la persona podemos expresar que los procesos educativos le dan la oportunidad a todo ser humano de buscar soluciones creativas a las dificultades o acciones que interrumpen la sana convivencia, por tanto, “la educación para la paz hace explícitos el modelo de sociedad y persona que quiere promover, ligado a los principios de libertad, justicia, democracia, tolerancia, solidaridad, cooperación, pluralismo, diversidad cultural, diálogo y entendimiento a todos los niveles de la sociedad” (Mesa Manuela, 2000, p.8). La persona desde una dimensión individual, comprende su capacidad de razonamiento basada en principios/valores como el respeto, la solidaridad, la tolerancia, la cooperación, la igualdad y la equidad; y desde una dimensión social, se vincula a la forma en la que los integrantes de una sociedad se interrelacionan a partir del cumplimiento de códigos compartidos establecidos social, cultural y normativamente.

El aprender a vivir juntos para vivir en paz, es el desafío constante que debemos reflexionar día a día, mediante relaciones armoniosas entre las personas y comunidades, por tanto, la educación debe proyectarse en base a la sociedad del futuro y al ciudadano del mañana, tal como lo manifiesta Morin (1999) el cual plantea: “la educación del futuro deberá ser una enseñanza primera y universal centrada en la condición humana. Estamos en la era planetaria; una aventura común se apodera de los humanos donde quiera que estén. Estos deben reconocerse en su humanidad común y, al mismo tiempo, reconocer la diversidad cultural inherente a todo cuanto es humano”. (p. 21); pues dentro de los procesos formativos debe prevalecer la convivencia con la naturaleza, la generación de ideas nuevas, las motivaciones para la promoción humana, la identidad, la innovación, la unidad, el reconocimiento, el respeto, la promoción de diversidades culturales, la vivencias de valores, la interacción de fuerzas, la comunicación, la creatividad artística e intelectual, la democracia y la inclusión. Estos son entre muchos otros principios/valores fundamentales en los que se apoyan los procesos educativos para impartir una formación que apunta a una sana convivencia, al empoderamiento ciudadano y a la resolución pacífica de conflictos.

 

Mesa Peinado, M. (2000). La educación para la paz en el nuevo milenio. Papeles de cuestiones internacionales, (72), 107-122

Morín, Edgar. (1999). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro (pp. 48-50). París: Unesco.

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