Que la palabra funde nuevas realidades

0
125

La literatura que provoca con historias desordenas que exige la atención del lector, su total involucramiento para generar el orden y sentido y, la poesía, que altera y prolonga el significado de las palabras, provocándonos con sus sonidos y texturas para percibir aquello que reprime la norma, han sido la inspiración para compartir estas palabras.

La Paz es lo que hoy más añoramos, pero nadie puede pensar que deseemos recuperarla volviendo a la “normalidad” si utilizamos esa palabra en su sentido original: “Situación de lo que se ajusta a cierta norma o a características habituales o corrientes”. (Rae)

Si un pueblo entero se ha movilizado para clamar por sus derechos, es un sin sentido pensar que se desea recuperar la norma que dio origen a la manifestación. Pocos añoran la norma, esa que se fue instalando en nuestro cotidiano, haciendo habitual y “normalizando” las diferencias de educación, pensiones, barrios, salud, protección y tantas otras entre los ciudadanos. Insistir en recuperar la normalidad nos lleva nuevamente a un diálogo de sordos que perpetuará la necesidad que emerjan otros lenguajes para expresar lo que no se ha escuchado hasta ahora.

Estamos en un tiempo de provocación explícita donde el orden ha sido alterado, lo normal ha sido desafiado. La mentira y el doble estándar ya no se tolera, la palabra crea realidades y la realidad quedó sumida en una cortina de humo de explicaciones, retruécanos, hipérboles y justificaciones que nos hicieron creer que estábamos en un lugar donde nunca habíamos llegado.

Es la hora, ya es tiempo donde escuchar y reparar se manifiesten en acciones concretas que permitan reencontrarnos y demostrar que nos une la búsqueda del cuidado y bienesnestar de todos los chilenos. Los jóvenes nos convocan con su ejemplo, ya no son los héroes sobre pedestales los que hoy los representan, a sus próceres los añoran en la calle, dialogando y escuchando sus realidades, botando el velo que por tanto tiempo los dejó fuera de los tiempos mejores donde la alegría no llegó.

Necesario es que desde las cenizas, como el Ave Fénix resucitemos para recrear nuestro país, uno que nos pertenezca a todos y que sus calles y plazas revelen en sus nombres las palabras que permitieron restablecer verdaderamente la Paz: bienvenida Plaza de la Dignidad.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here