¿Qué significa ser niña en el 2021?

0
655

Por Emiliana Pariente en Revista PaulaCollage: Tamara Garcíen 

La denominada generación Alfa, que vino a desplazar a la generación Z, incluye a niñas y niños nacidos entre el 2010 y el 2025. Es la primera generación en ser 100% nativa en una era digital porque no es que hayan visto el nacimiento de las tecnologías y se hayan tenido que adaptar, como sí lo hizo la generación anterior; son contemporáneos a ellas y por ende no conocen una realidad en la que no predomine la lógica del “touch”.

En el mundo occidental y privilegiado, las niñas de esta generación han visto a sus mamás trabajar y estar más cercanas que nunca a tener una igualdad económica y social con sus padres. Cuentan también con todo un universo online para explorar e informarse y por lo mismo son más conscientes respecto a las principales problemáticas sociales. Se preocupan del medioambiente, de la violencia de género, de la nivelación de la cancha, la inserción laboral y los derechos humanos. Hablan con mucha tranquilidad, como explica la socióloga de Ipsos y magister en antropología y desarrollo, Alejandra Ojeda, de la sexualidad y sus infinitas posibilidades, y de tener o no familia e hijos. Pero están viviendo su infancia y adolescencia en un mundo incierto y de cambios vertiginosos, en el que incluso adultos han cuestionado las pocas certezas que tenían.

Se trata, en definitiva, de una generación que transita la etapa infantil y fantasiosa con una noción de la realidad muy grande, como nunca la ha habido, porque su fuente de información principal ya no son solamente los padres. En un contexto en el que el movimiento feminista ha agarrado fuerza pero en el que todavía falta mucho para erradicar la discriminación y la violencia, ¿cómo es ser niña y qué significa serlo en esta época?

La híperconectividad

Así como en su minuto hubo una generación adicta a la televisión, lo que se está viendo hoy es una generación híperconectada cuyas interacciones diarias se han volcado a lo digital. Una niña de 12 años, según Ojeda, puede haber tenido tres o cuatro cambios de celular con facilidad. “Sus formas de relacionarse están muy basadas en la tecnología y las amigas, que son lo más importante, ya no están delimitadas a un espacio en particular y a un tiempo determinado, están omnipresentes porque la virtualidad excede el espacio físico. En ese sentido, los vínculos y los conflictos se van a dar y resolver desde la conectividad”, explica.

A su vez, es una generación que si bien es crítica con las redes –en el sentido de que están al tanto de los riesgos y las clasifican de acuerdo a cuál es menos peligrosa–, éstas se han vuelto la principal fuente de información. Y la inmediatez y bombardeo informacional se ha vuelto una constante.

La psicóloga y directora de comunicaciones de Ipsos, Carolina Suez, sugiere que lo digital es un arma de doble filo para ellas; si bien las ayuda a mantenerse conectadas, les genera una ansiedad mayor. “Esta es una generación que en muchas cosas ha derribado mitos y ha normalizado temas que eran tabú. Es una generación que valora las diferencias, pero a su vez sigue existiendo una necesidad grande de aceptación externa y por ende las redes sociales les genera mucha ansiedad. Gran parte de esa valoración tiene que ver con cuántos likes y seguidores tienen, o tratar de parecerse a sus referentes”.

Como explica Suez, en eso hay un doble discurso: “Hay consciencia respecto a que todos los cuerpos son aceptados y está muy instaurada la filosofía del ‘body positive’, pero también hay una necesidad profunda por querer verse bien bajo los parámetros impuestos y que el resto –principalmente los niños– las acepten”. Ahora, además, con la irrupción de Tik Tok (la red más usada por este segmento), el hacer coreografías también se ha vuelto una fuente de estrés, porque si no se cuenta con la habilidad motora, como explica la especialista, automáticamente quedan fuera.

Y es que, según Ojeda, este es uno de los desafíos más importantes de esta generación, no solo para ellas sino que para la sociedad completa. “Todavía pesa una visión de belleza clásica y cuerpo privilegiado y occidental, a pesar de que se les ha abierto un mundo con la irrupción del K-Pop. Los referentes se han desplazado un poco de los cánones tradicionales, pero a la larga siguen respondiendo a patrones clásicos; son flacas y de rasgos finos”, explica. “Este paradigma aun no cambia y es parte de los resabios de las generaciones anteriores. Pero estas niñas están en etapa formativa y va ser interesante ver cómo avanzan en esa materia para asumir otros modelos de belleza o de desarrollo en relación al cuerpo; derribar ciertos estereotipos; y desprenderse de una cultura exitista. Para la edad que tienen, están discutiendo temas que en otras generaciones fueron tardíos”, reflexiona Ojeda. ¿Cuáles son algunos de estos temas?

Sus preocupaciones

Alejandra Ojeda explica que esencialmente, las preocupaciones de las niñas de hoy no varían mucho de las preocupaciones de las niñas de otras generaciones. Lo que cambia es la forma que tienen para enfrentarlas y la premisa bajo la cual las observan, debido también a los medios digitales que manejan. “Si dividimos las preocupaciones en categorías, puede que muchas sean las mismas. La sexualidad por ejemplo, siempre ha sido una, pero la manera de enfrentarla y la naturalidad con la que se aborda hace que la vivencia sea totalmente distinta. Estas niñas han normalizado ciertos tabús, han aceptado las distintas posibilidades y hablan de la bisexualidad como una etapa propia del descubrimiento sexual”, explica.

La importancia de la independencia

En las niñas de generaciones anteriores el futuro era una preocupación en tanto no sabían si iban a poder estudiar o trabajar. Las niñas de hoy dan por hecho que sí lo van a hacer, el tema es cuán independientes van a poder ser a partir de esas decisiones y cuán gratificante va ser ese trabajo. Como explica Ojeda, han ido un paso más allá; y es que la felicidad ya no está en el logro de tener un título, está en lograr estudiar lo que quieran para poder ser independientes, porque en eso hay un gran valor. “Finalmente, el gran proyecto de ellas trata de la libertad que van a tener para vivir sus vidas, movilizarse y recorrer”, explica.

El valor de ser mujer

Como explican las especialistas, estas niñas valoran el ser mujer y no ven en el género un impedimento, como sí lo vieron generaciones anteriores. Han puesto en duda los roles de género impuestos y muchas no ven la maternidad como un imperativo. “En las conversaciones que hemos tenido con ellas, aparece la posibilidad de que se casen y formen familia pero también la posibilidad de que ese proyecto no funcione. Lo importante para ellas es ser independientes si se separan y poder ser libres de hacer lo que quieran. Por eso se preocupan de poder tomar la decisión correcta en cuanto a los estudios y trabajo. Saben, además, que el príncipe azul no existe”, explica Ojeda.

Por su lado, Suez aclara que se trata de una generación de niñas que sigue los casos emblemáticos de violencia de género, que aguanta mucho menos y que es reactiva frente a las situaciones de abuso y discriminación, incluso cuando lo ven en sus entornos inmediatos. “En cuanto a ser mamás, muchas no lo ven como una motivación en sí y esto tiene que ver con ayudar a combatir el cambio climático, están muy conscientes del efecto que genera traer un humano al mundo y por eso muchas hablan de la adopción”.

El medioambiente

Esta es de las preocupaciones más grandes para las niñas de hoy. “Están muy preocupadas por la contaminación, por el futuro de nuestra especie y la tierra, y existe en ellas la sensación de fin del mundo y término del planeta. En ese sentido, ven el futuro con incertidumbre. Es una generación que tiene como referente a Greta Thunberg, entonces tienen una noción de realidad muy grande”, explica Ojeda.

Las motivaciones de estas niñas, según Suez, tienen que ver en muchos casos con ayudar al prójimo; están pensando en ser matronas, obstetras, veterinarias y psicólogas, porque hay una consciencia mayor de la salud mental. “En general, es una generación de niñas que se tornó a vocaciones humanas y de ayuda social”.

Por su lado, Ojeda aclara que una generación de por sí sola no puede cambiar la cultura en su totalidad, porque los cambios culturales se demoran. “Pero estas niñas están tratando con mucha madurez temas que se suelen tratar más adelante en la vida. Siempre van a convivir con resabios de generaciones anteriores porque se trata de todo un modelo económico y social, pero están normalizando que se puede vivir de muchas formas y eso es un avance”.

Quisimos preguntarles a ellas directamente qué significa ser niñas en el 2021, y esto fue lo que respondieron:

“Una puede opinar más de lo que quiere y siente sin que te juzguen”. Isabel Bascuñán, 11 años.

“Tengo la posibilidad de llegar a cumplir mis sueños. Por ejemplo, mientras estoy estudiando en el colegio puedo tener mucha información por internet e investigar todo lo que me gusta, y así creo que será más fácil encontrar a lo que me quiera dedicar en mi vida”. Sofía Garay, 13 años.

“Ser niña ahora es bacán, somos muy fuertes y podemos hacer lo que queramos porque la gente ya sabe que no nos pueden detener”. Javiera Díaz, 13 años.

“Es ser lo que queramos ser”. Emilia Gutiérrez, 12 años.

“Significa saber que igual hay que ser responsables. No todo está resulto y hay que trabajar para que vivamos en un mundo más justo, menos contaminado, y en el que no pasen a llevar los derechos de los humanos y de la tierra”. Sofía Ugarte, 14 años.

“No creo que haya algo que no pueda hacer, eso es de otra época”. Melanie Gómez, 11 años.

“Mi mamá me llevó a la marcha el año pasado y ahí me di cuenta que ser mujer es lo más lindo que hay, porque juntas somos sensibles, fuertes y todo lo bacán al mismo tiempo”. Rocío Bacelliere, 13 años.