¿Realmente somos conscientes de la crisis actual del agua?

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No sólo la calidad del vital elemento es uno de los problemas fundamentales que afectan hoy en día a la población mundial. También su escasez progresiva que se acelera por los efectos del cambio climático.

Según cifras entregadas por la ONU, 2,2 millones de personas mueren anualmente en el mundo por la ingesta de agua contaminada, siendo la mayoría niños menores de cinco años. El organismo también afirma que en los países en desarrollo un 90 por ciento de los desechos industriales y aguas servidas se arrojan a los ríos, lagos u océanos, lo que afecta a 245 mil kilómetros cuadrados de ecosistemas marinos.

Sólo el 87% de la población mundial, unos 5.900 millones de personas, dispone de abastecimiento de agua potable, según un informe realizado en conjunto por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef). Los datos recabados señalan que casi el 39% de la población mundial, más de 2.600 millones de personas, carece de servicios higiénicos básicos. Esto deja en manifiesto que las graves implicaciones que el agua tiene actualmente y tendrá en el futuro.

Es por eso que el Programa de la ONU para el Agua hace un llamado a los Gobiernos, a las empresas y a los ciudadanos para que unan fuerzas con el fin de proteger y mejorar la calidad del agua porque “está en creciente peligro debido al aumento de la población, la expansión de las actividades industriales y agrícolas. Mientras que el cambio climático amenaza con alterar el ciclo hidrológico». Esto tomando en cuenta que la calidad del agua es vital para la supervivencia de todos los seres vivos y para el crecimiento y desarrollo de los países.

De hecho un artículo publicado en la prestigiosa revista científica Nature titulado “Do nations go to war over water?”, hacía mención a la preocupación de la ONU ante la escasez de agua producto del cambio climático, lo que podría generar graves conflictos entre naciones. Sin descartar una guerra.

Si bien la calidad del agua es un punto indiscutible, la escasez de este recurso es otro de los grandes problemas.

Según el informe de la FAO “El cambio climático, el agua y la seguridad alimentaria”, el fenómeno medioambiental disminuirá la cantidad de recursos de agua dulce disponibles en el planeta. Asimismo, la reducción de las precipitaciones afectará directamente la agricultura en ciertas regiones, y en consecuencia la calidad de vida de las personas. Esto tomando en cuenta que en todo el mundo la agricultura representa el 70% del agua que se extrae.

La FAO prevé que para 2060 los cambios en la precipitación pluvial, la evaporación del agua desde el suelo y el vapor que despiden las plantas (transpiración), reducirán el escurrimiento del agua en varias regiones del planeta.

Si sumamos más datos, el panorama se pone peor. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), el 97,5% del agua existente en el mundo es salada. Por cuestiones de costo y tecnología no es tan factible desalinizarla a gran escala. Sólo el 2,5% del agua es dulce. Y sólo el 1% es potable.

Si analizamos toda esta información debemos tener más conciencia por la calidad y cantidad de agua a la que accedemos a diario. Y aunque seamos pocos, los invito a ahorrarla y no derrocharla innecesariamente. Se aconsejan varias acciones cotidianas con efectos a mediano plazo. Algunos ejemplos: Tomar duchas de menos de cinco minutos ahorra hasta 7.600 litros al año; cepillarse los dientes usando sólo un vaso con agua preserva 13 litros del vital líquido al mes; o cambiar la lavadora por una eficiente ahorra 11 mil litros anuales.

Los beneficios son: disposición del recurso hídrico por más tiempo, reducción del costo de la cuenta mensual y la creación de una conciencia ciudadana. La opción es de cada uno.

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