Relaciones laborales conflictivas

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Quien más, quien menos, ha experimentado alguna vez en su vida laboral una situación que pudiera describir como de “conflicto” con otra persona o grupo de personas al interior de una organización. Es más, lo extraño sería no haber pasado por esta experiencia tan inherente a la psicología del ser humano. Entonces, cabe preguntarnos al menos lo siguiente:

¿Qué es y cuando surge un conflicto?

El motivo más evidente para el surgimiento de un conflicto se relaciona con la existencia de “deseos opuestos” y los deseos, a su vez, son producto del interés de cada individuo respecto de algo, como por ejemplo, el plazo o conveniencia de ejecutar una determinada tarea, la manera de realizarla, el criterio de satisfacción frente a su ejecución final y el merecido reconocimiento personal asociado al logro.

Normalmente, una persona no “desea” nada de aquello que no esté involucrado entre sus intereses o percepciones de utilidad y beneficio. Surge entonces el conflicto, cuando el afán por cumplir estos intereses se enfrenta con intereses opuestos.

¿Es inadecuado el conflicto entre las personas?

Los conflictos son disfuncionales si nos impiden cumplir nuestras metas o si bien nos distraen de ellas, convirtiéndose la relación conflictiva en una especie de remolino que succiona nuestras ganas de trabajar o en un espiral sinfín de frustración y agresividad. En cambio, el conflicto puede volverse funcional si nos permite un aprendizaje de nuestras actitudes y percepciones y nos orienta al manejo inteligente de nuestras emociones al servicio de una meta personal y laboral.

¿Cómo lidiar con compañeros de trabajo conflictivos?

 

Revisar actitudes personales: Para que algo crezca en la vida debe ser alimentado de alguna manera y por eso es bueno revisar que damos al otro que le permite alimentar su enojo o disconformidad. A la base de alguien muy ofuscado, también puede haber alguien resentido por una palabra, frustrado por falta de reconocimiento o incluso complicado por una situación ajena al trabajo que no logra expresar adecuadamente.

Separar a la persona del problema: Por un lado hay personas que nos resultan desagradables por el hecho de estar asociadas a una función incómoda pero necesaria (imagine a un supervisor, a un jefe directo o a un encargado de proyecto). Por otro, si bien es la persona quien nos resulta conflictiva, hay que tomar conciencia de que lo es muchas veces con relación a una determinada situación, entonces lo conveniente es enfrentarse con el problema y no con la persona, dado que las situaciones varían.

Centrarse en intereses y no en posiciones: Con frecuencia todos queremos comer un pedazo de la torta, pero hay conflicto frente a cómo cortarla, repartirla e incluso servirla. Por eso lo conveniente podría resultar ponerse en el lugar del otro, descubrir su verdadero interés frente a un determinado asunto y ceder posiciones si coincidimos en el interés. Es más interesante aumentar las ventas para la empresa o las matrículas para un colegio, que discutir sobre quienes son más relevantes en el proceso.

Ampliar la percepción: Relacionado con lo anterior, es adecuado ponerse en el lugar del otro y no deducir sus intenciones en base a la experiencia pasada o a los temores. Las personas cambian y nos podemos seguir relacionado mentalmente con un compañero que hace tiempo aprendió a controlar su enojo o su ironía. Ver más allá de la actuación del otro, cómo percibe una situación, empatizar con esa visión y ser asertivo para expresar la propia.

Sin duda, con la actitud adecuada frente a un conflicto podremos encontrar una experiencia personal de crecimiento en el contexto laboral y contribuir a su desarrollo armónico.

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