“Si no educamos para la felicidad, entonces no estamos educando”

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Estas palabras no son mías, son de Gerhard Momhinweg. Podría decir que Gerhard es músico, porque tal vez es a lo que evidentemente se ha dedicado toda la vida, pero para referirme a él lo haré mejor diciendo que es educador. Porque eso es lo que hace.

Hace tiempo que no escribía en este blog, y andaba buscando como empezar a hablar sobre lo que está pasando en nuestro país con la educación. Y la otra noche, buscando en la televisión algo que ver me encontré con un programa en el que se mostraba la experiencia de la Conchalí Big Band y allí escuché a Gerhard. Lo he visto con sus niños en varias oportunidades pero no lo conozco, sé lo que hace, lo que está haciendo ahora en el Liceo que está dirigiendo y me hacen absoluto sentido sus palabras.

Hace un par de años participé en la creación de un colegio. Fue una experiencia muy linda, con un grupo de gente muy especial, todos con el firme convencimiento que es necesario transformar la educación y poner en el centro a los niños, sus necesidades, sus gustos, sus intereses, sus capacidades y sobre todo su voz.

Elaboramos el proyecto con mucho cariño y nuestra principal preocupación es que ese espacio educativo debía ser el lugar donde los niños pudieran aprender, pero ante todo a ser felices.

Recibimos a muchos papás que vinieron a integrarse al proyecto con sus niños, porque a pesar que eran de jardín y de los primeros años, ya venían con una historia de exigencias desmedidas, exámenes interminables, discriminaciones y muchas cosas increíbles para sus pocos años.

El colegio ha crecido, han llegado muchos más niños buscando ese espacio para crecer felices.

A mí se me produjo un conflicto, participaba de un proyecto muy querido y coherente con lo que yo pienso de la educación, pero no era para todos los niños, era solo para los que pudieran pagar por estar ahí, con una mensualidad  muy baja, pero a la que no todos pueden acceder.

Recién estamos en el primer peldaño de los cambios que la educación requiere en nuestro país, pero estamos avanzando y se requiere de mucho esfuerzo y solidaridad.

Este es un cambio mucho más profundo que solo terminar con el lucro, el copago y la selección, es un cambio de paradigma.

Todos los niños pueden aprender, todos tienen talentos por igual, además los talentos y capacidades diversas solo hacen que los niños tengan más oportunidades de aprender. Así como lo hace Gerhard con sus niños, que aprenden son felices y además músicos.

Los niños y las niñas aprenden naturalmente y son felices haciéndolo, los profesores tenemos la tarea de apoyarlos para aprender, debemos hacer que  alegría no se pierda, que no se transforme en la lucha por un exitismo inútil  y debemos cumplir con nuestra tarea de explicar que para eso somos profesores, para enseñar a las nuevas generaciones a ser felices.

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