Sí, olvidamos a los niños

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El pasado 11 de agosto Patricia Matte publicó en La Tercera una columna titulada ¿Nos olvidamos de los niños? En ella indica que los cuestionamientos sobre la metodología de clasificación de escuelas propuesta por la Agencia de Calidad de la educación son menores en cuanto a la importancia de implementar las labores de la Agencia y la institucionalidad de aseguramiento de la calidad en general. Alude a los académicos como una suerte de obstáculo que se olvida de los niños.

La red de escuelas SIP, que Patricia Matte preside, son un excelente ejemplo para brindar educación a los niños más vulnerables. Sin embargo, sabemos que los esfuerzos de la SIP van más allá de lo que el mismo Estado provee. En ellas se ponen recursos extraordinarios y se monitorean constantemente la docencia y los resultados de aprendizaje, todo con el fin de mejorar los procesos y ofrecer educación de calidad.

Lo anterior representa un excelente uso de la evaluación educativa para la mejora. Es un trabajo de años que va cada vez mejorando. El foco está en que los niños aprendan.

Sin embargo, la aplicación de una clasificación de escuelas está completamente alejada de ese propósito de mejoramiento, y lo que hace es castigar a las escuelas que están en los niveles bajos. Por ello, los reparos a la metodología de clasificación de escuelas propuesta por la Agencia de Calidad obedecen a las consecuencias que asigna la ley a dicha clasificación. Las escuelas de nivel insuficiente serán cerradas. Pero si la metodología no es adecuada, se cerrarán las escuelas equivocadamente. Es como si enjuiciáramos a una persona por un delito y presentáramos pruebas débiles en su contra, y ellas fueran suficientes para declararlos culpables porque tenemos pésimos métodos en los juicios.

La ley exige que, una vez implementada la clasificación de escuelas, puedan venir las sanciones, y que dicha metodología no pueda cambiarse por cuatro años.

Da la impresión de que, por querer lograr algo así como “la clasificación de escuelas más rápida de la historia”, se están arriesgando las oportunidades educacionales de los niños más vulnerables. Eso es olvidarse de los niños, porque hoy día, por los incentivos del propio sistema escolar los niños son puntajes SIMCE, subvenciones por cobrar y un conjunto de escuelas por cerrar. Nada más alejado de la idea de garantizar el derecho a la educación.

No se trata de abolir la evaluación educativa, sino de usarla para mejorar las oportunidades de aprendizaje. Y si vamos a clasificar, hagámoslo bien por las altas consecuencias que está clasificación tendrá. Acordémonos que en esas escuelas hay niños que no tienen otro establecimiento de mejor calidad en los lugares donde viven, tal como dice la incómoda investigación.

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