Simce, selección y segregación

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Nuestro sistema escolar ha estado determinado, desde hace décadas, por estas tres palabras, SIMCE, SELECCIÓN Y SEGREGACIÓN.

Hoy, por fin,  la discusión está abierta y puesta en distintos espacios.

Desde hace tiempo las escuelas y los liceos, aunque es mucho más evidente en las escuelas, se organizan en torno al SIMCE.

En función del SIMCE las escuelas buscan todos los medios para seleccionar a sus estudiantes. Lo que se espera es tener  alumnos que aseguren buenos resultados en la aplicación de las pruebas SIMCE.

Luego de asegurarse una “buena materia prima”, la organización interna de la escuela responde a lo que consideran buenas estrategias para alcanzar los mejores resultados posibles. Destinan a los mejores profesores para los “cursos SIMCE”, contratan ATEs para que realicen entrenamientos, aumentan las horas de lenguaje y matemáticas hasta los máximos inimaginables (utilizando las horas JEC, quitando horas a otras asignaturas, como artes, por ejemplo)

La competencia entre las escuelas es por los “mejores estudiantes”, para asegurar mejores puntajes SIMCE, con eso un mejor lugar en el ranking y más apoderados luchando por entrar con sus niños a la escuela.

Eso es lo que  promueve el sistema, en el que teóricamente los padres eligen las escuelas para sus hijos. Lo que en realidad, y ellos no se dan cuenta, es que las escuelas van eligiendo, van “descremando” entre sus estudiantes para quedarse con aquellos que les aseguren buenos resultados. De la misma manera, y por otros medios,  se van quedando con los profesores que les garanticen que eso va a ocurrir.

Así entonces lo que se ha generado es un  sistema en el que existen escuelas “de primera”, “de segunda” y “de tercera”.

En estos tres grupos no vamos a considerar  a aquellas en que las que se agrupan  los hijos de las familias que pagan mensualidades casi tan altas  como las de  la universidad.  Esta separación es demasiado obvia. En general se cree que solo allí se selecciona y segrega, pero la realidad es mucho más dura, porque la selección y la segregación es más sutil y llega mucho más lejos.

Vamos a clasificar dentro de las escuelas “de primera” a aquellas  en las que, a través de un pago tal vez no tan alto, es posible  generar grupos relativamente homogéneos de niños, provenientes de familias con ingresos que les permiten ese pago, a los que se les somete a un régimen de enseñanza que tiene como único objetivo alcanzar puntajes y para eso implementar de manera agobiante  mediciones, internas y externas, con el convencimiento que se esa manera se aseguran buenos puntajes, que puedan ser utilizados como propaganda para atraer más alumnos.

A las escuelas ”de segunda”, las familias acceden a través de un pequeño pago, con el deseo que sus hijos no se mezclen con otros que consideran poco apropiados. De lo que no se dan cuenta es que sus niños estarán siempre en riesgo de quedar marginados, porque si no logran los mínimos para colaborar con engrosar los puntajes de alguna manera serán excluidos.

Y a las escuelas   “ de tercera” llegan todos los demás niños,  los estudiantes que no tuvieron cabida o fueron “derivados” de  las otras escuelas. Lo que ocurre es que en estas el SIMCE ejerce la misma presión y es amenaza permanente.

Desde el punto de vista del aprendizaje, SELECCIÓN, SEGREGACIÓN Y SIMCE tienen los mismos nefastos efectos.

En función del SIMCE, los aprendizajes de todos los niños y niñas se han visto cercenados por la obsesión de alcanzar mejores puntajes en lenguaje y matemáticas.

Con este objetivo, es que se impulsa la mayor parte de las estrategias en las escuelas, salvo honrosas excepciones, casi todas tienen que ver con esto así se  aumentan las horas de clases de lenguaje y matemáticas, se entrena a los estudiantes para rendir las pruebas SIMCE y también una cantidad enorme de otras  pruebas similares tanto internas y como externas para medir, con excesiva frecuencia, los supuestos aprendizajes.

Entre las estrategias que se llevan a cabo no se  toma en cuenta, por el gran error de pensar que más de lo mismo mejorará los resultados, que el desarrollo de otras habilidades contribuye al desarrollo integral y que eso tiene como consecuencia la mejora de todos los aprendizajes

No se considera tampoco  la importancia de los procesos de aprendizaje y del protagonismo de los estudiantes. Se pone énfasis solo en los resultados y se considera más importante que niños y niñas aprendan a responder test antes que  verificar lo que realmente han comprendido.

Acorde con este enfoque, lo que se hace en las escuelas es  implementar sistemas de calificación y no de evaluación de los aprendizajes. Así, los docentes siguen aplicando instrumentos de evaluación, la mayoría de ellos estandarizados,   sin considerar la diversidad de los estudiantes, ni los ritmos de aprendizaje. Tampoco se  utiliza la evaluación para otros objetivos, como retroalimentar a los niños y niñas para que aprendan a aprender, o a  revisar las estrategias de enseñanza.

 El SIMCE pone los contenidos, los tiempos, las necesidades y las metas.

La SELECCIÓN de los estudiantes  genera SEGREGACIÓN.

La SEGREGACIÓN en las escuelas es el reflejo de una sociedad desigual e injusta que no permite que los estudiantes aprender  a vivir en la diversidad y que perpetúa un sistema en el cual se profundizan las diferencias y la desconfianza en los otros.

Esta SEGREGACIÓN no permite  aprender de otros, con opiniones, vivencias e historias diferentes. Conduce inexorablemente a la conformación de una sociedad absolutamente fragmentada,  lo que no queremos para nuestro país.

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