Sol Serrano explica como se debe enseñar el 11 de septiembre en las escuelas

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En las siguientes palabras, Sol Serrano, historiadora de la Pontificia Universidad Católica de Chile, expone su visión sobre la manera en que debe enseñarse el once de septiembre en las escuelas. La enseñanza de la historia en la educación superior es distinta a la enseñanza de la historia en la educación secundaria y, al menos desde mi punto vista, creo que deben ser distintas por sus objetivos. En la educación superior se trata de enseñar, mucho más que el tema de la disciplina, la disciplina misma. Se trata de adquirir una forma de pensar y razonar que es propia de esta disciplina y no de otras. Cuesta hacerlo porque los estudiantes suelen, inconscientemente, no distinguir entre lo normativo o prescriptivo y lo analítico. Hacer esas distinciones es parte esencial de la formación. El supuesto es que esa forma de pensamiento contribuirá a desarrollar la misma disciplina y contribuirá a que el estudiante tenga más herramientas críticas para pensar la realidad. Nosotros no formamos ciudadanos directamente, no somos una escuela de educación cívica, pero sí formamos personas capaces de pensar analítica y críticamente. Suponemos que ése es un valor que contribuye a la sociedad. No creo que ése sea el objetivo primordial de la enseñanza de la historia en la educación secundaria. Aquí reivindicaría, dentro de mi ajenidad al campo, la vieja máxima de la historia como maestra de la vida. Y maestra en dos niveles: uno analítico y otro normativo. ¿Cómo enseñaría el once de septiembre en las escuelas? Primero pondría el marco temporal y espacial de los sucesos. Simple, directo y relativamente aséptico. Luego confrontaría ante los alumnos distintas interpretaciones de historiadores, para más tarde pasar a trabajar con fuentes, ver los periódicos, la televisión, entrevistas a los actores, etc. Más tarde los haría reflexionar sobre esa experiencia a la luz de ciertos valores: democracia, tolerancia, valor de las instituciones, violencia política y lo que el profesor, junto al proyecto educativo de su escuela, fijen como valores y que no podrán ser contrarios a los valores jurídicos que nos rigen. El profesor es un facilitador de la reflexión de los estudiantes, pero su papel no es ofrecer una interpretación como sería a nivel superior. La enseñanza de la historia nunca es neutral. El tema no es si se puede ser “objetivo”, un concepto a estas alturas obsoleto. Se trata, más bien, de no tomar partido por ninguna de las fuerzas contendientes de la época y mostrarlas todas. El compromiso valórico está en la reflexión a posteriori de lo sucedido. Éstos son equilibrios inestables. La forma de enseñar siempre nos estará mostrando los problemas y conflictos del presente. Creo que en la sociedad chilena actual hay un consenso en torno al valor de la democracia y ése es un horizonte prescriptivo para enseñar el once de septiembre. En síntesis. En la educación secundaria, la enseñanza de la historia puede y debe ser también, una reflexión sobre la historia. Fuente: Educar Chile  

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