Sol Serrano Pérez gana el Premio Nacional de Historia 2018

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“Me siento una hija amada de la República”, declaró Sol Serrano al recibir el primer galardón para la UC desde 1998. El jurado valoró su aporte en ámbitos como la formación de Estado en el siglo XX, las trayectorias políticas e institucionales, y la historia de la educación.

Por Pablo Marín

SolSerrano1Para Sol Serrano Pérez era la tercera postulación consecutiva. Para la UC, su alma mater y su lugar de trabajo, era la oportunidad de ver nuevamente a alguien de los suyos ungido con el mayor honor estatal a los historiadores, lo que había ocurrido por última vez en 1998. Y para las historiadoras chilenas, en el año de la “ola feminista”, era una nueva chance de que el Premio Nacional recayera, por primera vez desde su instauración, en una de ellas. Así terminó siendo. Y la galardonada no disimuló su alegría ni su orgullo. No tenía por qué.

Cerca de las 6 de la tarde de ayer se informó en el Mineduc que el 23° galardón a un “investigador de historia patria o a quien, divulgándola con continuidad y nobleza de estilo a juicio del jurado, la mereciere”, quedó en manos de la autora de Universidad y nación y ¿Qué hacer con Dios en la República? El jurado que integraron la titular de Educación, Marcela Cubillos; Ennio Vivaldi, rector de la U. de Chile; Patricio Sanhueza, rector de la U. de Playa Ancha (Cruch); Alejandro Guzmán, de la Academia Chilena de la Historia, y Julio Pinto, el ganador de 2016, se inclinó por la académica e investigadora, que competía con su colega Luz María Méndez y con los arqueólogos Victoria Castro y Bernardo Arriaza.

Tras un procedimiento “unánime y expedito”, al decir de uno de los votantes, Cubillos fue la voz del jurado al manifestar que este tuvo en consideración “su aporte a la historiografía nacional en ámbitos relevantes, como la formación de Estado en el siglo XX, las trayectorias políticas e institucionales, y la historia de la educación”. Junto con expresar la “alegría adicional” que le produjo este primer galardón para una mujer, Cubillos destacó “su participación en espacios de impacto público y científico”, tales como la Mesa de Diálogo en Derechos Humanos, el Consejo Asesor Presidencial para la Educación y el Consejo Nacional de Televisión.

Estado y educación

Nacida en Santiago, en 1954, Sol Serrano cursó estudios de licenciatura en historia en la U. Católica, realizando más tarde una maestría en la U. de Yale y un doctorado en la UC. Investigadora visitante y miembro asociado de instituciones como el Colegio de México, el St Antony’s College de la Universidad de Oxford y la U. de la Sorbona, entre sus primeros trabajos figura su participación en el libro colectivo Chile en el siglo XX (1985, junto a Cristián Gazmuri, Mariana Aylwin y Sofía Correa, entre otros). Su trabajo posterior se ha centrado en la educación universitaria y primaria, así como en la definición de lo público en -y la secularización de- un Estado católico, como lo fue el chileno en el siglo XIX.

Ha declarado la historiadora que en Universidad y nación (1991, reeditado en 2016 con un nuevo prólogo en el que se asombra de que el tema “sea hoy más candente de lo que fue cuando el libro se publicó”) el “tema de fondo no era el sistema de educación superior, sino las tensiones entre una sociedad tradicional y la modernidad científica, tecnológica y política”. Y si hubiese que formularse nuevamente algunas preguntas, afirmó tras la reedición, la primera de ellas sería, “¿cómo se distribuye el saber en la sociedad? Nuestra política y nuestra estructura social derivan en buena medida de la dificultad histórica de diversificar las fuentes de poder. Al menos desde el siglo XVIII, eso ha estado muy vinculado a la creación de conocimiento y a las tecnologías”.

Otro de sus textos de referencia es ¿Qué hacer con Dios en la República? Política y secularización en Chile (1845-1885). En él, Serrano identifica en la experiencia latinoamericana de las repúblicas católicas un antecedente directo del compromiso moral con la democracia y los derechos humanos. Igualmente, plantea que el republicanismo de los católicos decimonónicos sería una especie de base histórica de la identidad democrática de los católicos postconciliares. Por último, se nos dice, la propia lógica del orden político republicano debía llevar a la pérdida de la posición institucional del catolicismo como religión estatal.

En el ámbito de la educación, finalmente, sus aportes incluyen el haber dirigido un ambicioso proyecto académico (“La educación ante el riesgo de fragmentación social: ciudadanía, equidad e identidad nacional”), que dio pie a Historia de la educación en Chile (1810-2010), obra de cuatro volúmenes coescrita con Macarena Ponce de León y Francisca Rengifo y cuya tercera parte aparece en los próximos días.

De ese tercer tomo, precisamente, nacería El liceo, su más reciente publicación. Este provocativo ensayo afirma, entre otras cosas, que “buena parte del debate político reciente asume que la educación pública es por definición un instrumento para la construcción de la igualdad social. Esta noción no tiene sustento histórico, lo cual no invalida ideológica ni políticamente dicha propuesta, pero sí la relativiza”.

Representar a todas
Hermana de la escritora Marcela Serrano y de la fallecida periodista Margarita Serrano, la académica agradeció sentidamente el reconocimiento, al que calificó como “mucho más que un honor, es una tremenda alegría sentir este compromiso”. Y agregó: “La historia es una forma de aportar a comprendernos a nosotros mismos. Hemos vivido, vivimos y queremos vivir juntos como sociedad, y nuestra pregunta como historiadores y como ciudadanos siempre será, ‘cómo queremos vivir juntos’. Eso es lo que yo interpreto y me siento una hija amada de la República”. Agradecida de su universidad, sus maestros, sus superiores y alumnos, dijo que dedicarse a la historia es un premio y que recibir este galardón es un “doble premio”.

En cuanto al hecho de ser la primera premiada, Serrano manifestó: “Las mujeres hemos hecho historia desde el origen de la historia y hemos aparecido muy poco en los libros de historia, y hemos escrito muy pocos libros de historia. Esto ha requerido una transformación de la conciencia humana respecto de la igualdad entre hombres y mujeres. Siento que esto es un paso dentro de este mismo camino. Quiero representar a todas las mujeres que se han dedicado a la historia y a las muchísimas que vienen en las nuevas generaciones”.

En cuanto a las recientes polémicas por el Museo de la Memoria y un eventual Museo de la Democracia, declinó dar una respuesta contingente, pero afirmó que memoria e historia se complementan: una es un deber moral y la otra, un análisis crítico.

Fuente: La Tercera

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