Stefania Druga: la experta en robótica del MIT que enseña a los chilenos de educación

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Stefania DrugaLa rumana Stefania Druga se desempeña en el área de investigación de Robots del MIT Media Lab y actualmente dirige la organización HacKIDemia, laboratorio móvil para la educación, presente en 40 países. En Chile impartió un taller en la Universidad Chileno Británica de Cultura y una charla en el Colegio Dunalastair, en la comuna de Las Condes.

Como ella misma destaca, fue gracias a la educación que la rumana Stefania Druga (Măneciu Ungureni, 1986) pasó de un pequeño pueblo en Transilvania al Massachusetts Institute of Technology (MIT), una de las mejores universidades del mundo, en Estados Unidos.

“Creo que la educación es una fuerza igualadora con la cual podemos enfrentar muchos de los temas actuales en nuestra sociedad”, afirma Druga, que el mes pasado brindó un taller para profesores en Santiago.

“También crecí observando cómo mi madre, que es una profesora, ayudó a tantos alumnos, que siguieron en contacto muchos años después de graduarse”, cuenta.

Niños y juguetes inteligentes

Druga se desempeña en el área de investigación de Robots del MIT Media Lab y actualmente dirige la organización HacKIDemia, laboratorio móvil para la educación, presente en 40 países. En Chile impartió un taller en la Universidad Chileno Británica de Cultura y una charla en el Colegio Dunalastair, en la comuna de Las Condes.

En el taller sobre inteligencia artificial, Druga abordó la interacción que tienen los niños con los juguetes inteligentes y la forma en que les permiten desarrollar el pensamiento lógico y la creatividad.

Al respecto, señala que “brindar a ellos este tipo de herramientas, permitirá dar paso a una generación que no es simplemente un consumidor pasivo de la tecnología, sino más bien un creador activo y un modelador del futuro”.

Brecha entre creadores y consumidores

Pero entre Rumania y el MIT pasaron cosas. Por ejemplo, Druga trabajó en una escuela rural cerca de Cuzco, en Perú. También hizo lo mismo en Asia y África. Trabajó un año para Google, pero lo dejó.

“Creo que lo que vemos actualmente en el mundo de la tecnología y la educación tecnológica en mayor parte es una forma de neocolonialismo”, explica.

“Las plataformas y aplicaciones más comunes que usamos –Google, Facebook, Amazon, Uber, Airbnb– son diseñadas y fabricadas por un puñado de individuos y reflejan los valores de su monocultura, inserta en su diseño y que terminan influyendo en cómo aprendemos, usamos la tecnología y crecemos dependientes de sus características”, dice.

“Con el crecimiento de la inteligencia artificial (IA) y la automatización, esta brecha entre consumidores y creadores se ensanchará más aún. En este contexto creo que es clave invitar a gente de todas las culturas, experiencias y orígenes a ser parte de la conversación y aprender cómo diseñar y diseñar sus propias interfaces y tecnologías”, ahonda.

Cursos para aprender

Esta fue una de las razones por las cuales Druga fundó HacKIDemia, una organización global para impulsar la educación en las ciencias duras alrededor del mundo.

Allí los niños “pueden aprender ciencia, tecnología y arte trabajando en proyectos para enfrentar los desafíos de sus comunidades”, relata.

Estos pueden ser problemas tan elementales como el acceso a la electricidad o el aire limpio, pero también cosas como crear un salón musical.

“La idea central detrás de HacKIDemia es la de una comunidad donde niños, padres, estudiantes y profesores aprenden los unos de los otros al explorar cosas que les apasionan de manera práctica”, precisa.

HacKIDemia funciona en muchos países y está emparentado con su otro proyecto, Afrimakers, en África. Sin embargo, está muy lejos de ser asistencialista, porque, como ha dicho la propia Druga, “no vamos allí a ayudar, sino a aprender los unos de los otros”.

“Creo que con grandes desafíos vienen grandes ideas e innovación, y siempre podemos aprender de eso”, asegura.

“Los niños pueden pavimentar el camino e inspirarnos a pensar en un mundo más conectado con valores y metas comunes, y para mí Afrimakers fue una prueba de que eso es posible”, sostiene.

Educación y tecnología

En este contexto, la reflexión sobre la interacción de educación y tecnología no le es ajena. Para ella, el tema central en la actualidad es que la educación y las políticas públicas tratan de mantener el ritmo de la tecnología, pero esta es más rápida.

“Creo que necesitamos un cambio fundamental de paradigma sobre cómo enfocamos la educación de la tecnología y la educación en extenso, para preparar a los niños para las habilidades del siglo XXI. El foco debe estar en el proceso y no en herramientas específicas y las tecnologías que cambiarán”, reflexiona.

“Queremos criar una generación de pensantes críticos que puedan adaptarse y pensar muy rápido”, dice. “En un mundo de medios de comunicación, noticias falsas y plataformas de juego adictivas, es clave que los niños de hoy aprendan a cuestionar e investigar la tecnología que están usando”, asegura.

Más allá de eso, en su opinión es crucial que los pequeños dejen su propia huella e inventen sus propias soluciones y aplicaciones que sean útiles y necesarias en sus comunidades.

“Los jóvenes de hoy aprenden muy rápido cómo usar una plataforma o herramienta específica, pero no tienen la madurez para tomar siempre la decisión correcta o detectar un caso de abuso. Allí es cuando son súper importantes los roles de padres y profesores como mentores éticos y facilitadores, para asegurar que los niños no sean meros consumidores de la tecnología y repitan opiniones precafricadas, sino que puedan crear y usar esas herramientas de manera constructiva”, enfatiza.

Uso del celular en el aula

En ese mismo sentido, cree que el celular puede ser una herramienta educativa en el aula, “pero no hay que enfocarse en la herramienta, sino en el proceso y las metas de aprendizaje”.

Para ella, por más que los los profesores prohíban a los alumnos usar Wikipedia o jugar videojuegos, lo necesario es sortear ese problema y más bien averiguar las cosas que interesan mucho a los niños, incitándolos a entender más sobre cómo funcionan y cómo pueden personalizarlos, y usar herramientas diversas para problemas específicos.

“Los niños quedan impresionados cuando les digo que la misma tecnología que tienen en su celular, mandó un cohete a la luna. Después se sienten mal por solo usar su teléfono para las redes sociales. He visto muchos adolescentes usar sus móviles para aprender a codificar, hay muchas aplicaciones para eso. Creo que es un gran ejemplo de cómo los celulares pueden usarse de forma productiva”, plantea.

En ese sentido, la enseñanza de la Internet le parece absolutamente necesaria. “Aprender cómo funciona la red, cómo los algoritmos y bases de datos producen la mayoría de los servicios y plataformas que usamos hoy en día, desde una aplicación universitaria a un préstamo bancario, es una nueva forma de alfabetismo”.

“La inteligencia artificial no es un armagedón y los robots son algo que ya existe y está siendo usado en todo el mundo, así que debemos entender como funciona, ya que tendrá una enorme influencia en nuestro futuro”, señala.

¿Cree posible que en el futuro la IA reemplace a los docentes?

“Preferiría no especular sobre eso”, responde. “Creo que el objetivo de mi investigación es que los profesores ayuden a los niños a entender cómo funciona la inteligencia artificial, cómo pueden programar y crear su propia IA, y no usarla para reemplazar a los maestros”, agrega.

Fuente: El Mostrador

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