Tecnología en el aula: cómo convertir el cambio en una oportunidad para enseñar mejor

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Tecnología en el aula

Enrique Alasino y Helena Rovner – Clarín

Los cierres prolongados de escuelas, y las interrupciones recurrentes de las actividades escolares generaron consecuencias trágicaspérdidas de aprendizajes (120 millones de niños en riesgo de haber perdido el equivalente a un año escolar), efectos en la salud mental de niños y jóvenes, deserción escolar y pérdida de ingresos futuros. Estos efectos negativos han sido ampliamente documentados. La educación, la mejor herramienta conocida para promover la reducción de desigualdades, está en estado de grave emergencia.

Pero más allá del enorme impacto negativo, el cierre de escuelas nos ha permitido desmitificar que las prácticas de los sistemas educativos no se pueden cambiar. Frente a una situación inédita, en semanas, en todo el planeta, millones de personas entre docentes, familias y niños se adaptaron con rápidos reflejos e intentaron educar de otra manera, aunque los resultados hayan sido insuficientes.

Quienes trabajamos en educación y tecnología escuchamos infinitas veces: “los docentes no saben usar Internet”, “se necesita invertir mucho tiempo para que la tecnología entre a la escuela”. Sin embargo, el cambio fue necesario, fue veloz y la adopción de algún tipo de tecnología se hizo, en la medida de lo posible, para casi todas las escuelas.

A futuro, la pregunta es cómo convertir este cambio en una oportunidad para acelerar los aprendizajes, capitalizar lo aprendido y salir de una crisis que precedía en mucho a los cierres de escuelas. Las tecnologías educativas son un camino que ha funcionado: un buen ejemplo lo representan los sistemas adaptativos de aprendizajes, que han mostrado resultados rápidos, medibles y efectivos en ganancias de aprendizajes, en contextos tan diversos como IndiaUruguay, o Ecuador. Las plataformas adaptativas permiten interacciones en tiempo real (en algunos casos en base a inteligencia artificial) que proporcionan automáticamente un apoyo individualizado a los alumnos, dando estímulos al niño o joven según sus respuestas a las tareas, acelerando así el proceso de aprendizaje y ayudando a docentes en su tarea de enseñar a grupos muy diversos.

La implementación de mejoras requiere un compromiso con la evidencia empírica. Solo se podrá mejorar si se hace un reconocimiento honesto de lo que no ha funcionado.