Test Psicológicos: una oportunidad, por Mercedes Celedón

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test-zulligerBlog de Mercedes Celedón. Directora Ejecutiva de EduGlobal.

 

Les comparto una experiencia personal. A los chicos de segundo medio de un colegio particular de la Región Metropolitana, les aplicaron un test de personalidad y de habilidades, posiblemente para orientarlos en la definición vocacional y laboral. Uno de ellos fue mi hijo, quien me mostró los resultados. Y wow! desde mi manera de mirarlo, incluso para él y su profesor, éstos eran consistentes con su autoimagen (según él me iba relatando).

Mientras leía y le comentaba algo y chequeaba su opinión -muchas veces, no puedo dejar de mirar como psicóloga- me respondía: “…eso mismo me dijo el profe…”, “…eso le expliqué al profe…”. Es decir, un chico de 15 años, podía reconocerse a través de los resultados arrojados por el test.

Afortunadamente, con mi hijo pudimos conversar y analizar en conjunto sus resultados, reconociéndolo y mirando qué quiere mantener y/o cambiar (les dije que me cuesta no ser psicóloga…).

Aunque para muchos el prestigio de los test psicológicos está en tela de juicio, por falta de estandarización nacional, por ser simplicistas, por repetir preguntas, por largos, porque no queda claro qué miden con determinadas preguntas, porque se puede contestar intencionadamente causando una impresión “deseada”, etc, siguen siendo un aporte en la construcción de un juicio profesional:

Los test son una opinión más a considerar, la cual es contrastada con la entrevista, la observación, la historia de vida y otros, dependiendo del contexto. Por ejemplo, en el ámbito laboral, específicamente en la evaluación psicolaboral, un “candidato” debe responder diversos instrumentos, ya sean cuestionarios, identificar manchas, elegir colores, dibujar, desconociendo qué es lo que el “evaluador” busca en sus respuestas. A ello le sumaríamos que no posee libertad alguna para negarse a responder y si no queda en el puesto, es comprensible que le atribuya cualidades negativas a los tests.

Lo cierto es que, en general, no se establece un diálogo entre el que responde el test, el que lo corrige y el propio test. Si ello ocurriese, se abriría la posibilidad de juzgar el instrumento como una opinión: bueno-malo, asertivo-errático, creíble-no creíble, útil-inútil. Es más, si se accede a los resultados y éstos son analizados junto a un profesional que comprende el test, si éste último responde o no a las expectativas o están en concordancia con la autoimagen pierde relevancia.

La oportunidad de conversar con los resultados en mano puede ser fundamental cuando el evaluado está reticente a aceptar algunos ámbitos de sí que se reflejan en los test y que él no reconoce o acepta. Esto, porque al superar la mirada binomial de las personas (humanista-científico, responsable-irresponsable, extrovertida-introvertida, dominante-sumiso) se abren entendimientos, sin desconocer que puede ser que generalmente haya una mayor inclinación o tendencia hacia uno de los polos.

Al superar la mirada de “mis estándares” e incorporar las del otro, se abren posibilidades de diálogo entre generaciones, géneros, profesiones, y exageremos un poco: culturas, países e ideologías.

En fin, pudiendo disentir y compartir, así como para mi hijo que está en etapa de definición vocacional, como para los que postulan a un trabajo, responder un test, junto con facilitar el análisis y entendimiento de una persona, es una oportunidad para reconocerse: una mirada otra, diferente a los juicios y prejuicios.

Ir al Blog de Mercedes Celedón en La Tercera.

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