Un profesor que no se preocupa de su bienestar tiende a descuidar el de sus alumnos

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La académica insiste en la importancia de que los docentes se cuiden a sí mismos. Si no duermen lo suficiente y están cansados, suelen desatender las reglas que el colegio impone a sus estudiantes, lo que considera poco efectivo.

Por M. Cordano

chairs-chalk-chalkboard-159844Cuando Inger Enkvist habla sobre las cualidades de un buen profesor, el conocimiento acabado de la materia lleva la delantera. “Esto a veces se minusvalora, porque se dice que hay que ser buena persona, tener empatía con los alumnos, ser chistoso… ganárselos. Pero no, lo número uno es conocer bien la materia, porque para poder dedicarse al grupo y manejar el diálogo, el profesor no debe estar preocupándose por los datos y el conocimiento”, explica esta docente sueca, quien empezó su carrera enseñando en colegios y actualmente ejerce como catedrática emérita en la Universidad de Lund. Previo a esto sacó un doctorado en Letras y fue asesora del Ministerio de Educación de su país.

El segundo punto que define a un docente destacado es que se preocupa de estar en forma, cree la académica. Y al hablar de estar en forma, Enkvist se refiere al aspecto físico y psíquico.

“No podemos garantizar que los alumnos hayan dormido bien, pero el profesor es responsable de sí mismo. Para poder tratar con un grupo de jóvenes, uno tiene que estar concentrado: hay que saber muy bien lo que uno dice o no dice. Muchas veces, los conflictos entre alumnos y docentes vienen al final de la semana; lo típico es que ocurran el jueves por la tarde, porque están todos cansados”. Si se producen estas irritaciones, “el profesor debe saber que él es la persona adulta. Es a él o ella a quien le toca mantener esto en un nivel normal, suave. Para eso se necesita de concentración”, dice Enkvist en un español fluido, lo que le ha permitido viajar por la región para conocer más sobre la educación en América Latina.

Esta vez, Inger Enkvist estuvo de visita en Chile para participar como expositora en el seminario “Claves para la educación del futuro”, que desarrolló la Fundación Irarrázaval.

Metas

Entre las cosas que la académica sueca quiso compartir con los más de 100 directores que llegaron a escucharla, es que un profesor que no se preocupa de su bienestar suele, a la vez, descuidar el de sus estudiantes.

“Hay muchos colegios donde los profesores vacilan si aplicar o no las reglas de conducta. Un profesor cansado quizás siente la tentación de no reaccionar si oye un insulto, que podría ser al docente o a otro alumno, porque se requiere energía para intervenir, para intentar resolverlo. Es fácil pensar que se está cansado y que es mejor no meterse, dejarlo pasar. Y si esto sucede muchas veces, de pronto se va a deteriorar el ambiente de la clase”.

Volviendo a la idea de aplicar las reglas, Enkvist insiste en que “una escuela debe explicar una y otra vez a los alumnos que si hay reglas sobre estar a la hora, no salir durante la clase, no hablar con el compañero, es porque se busca que salgan bien preparados para la vida. Que esto es para su propio bien. Si insistimos y los corregimos, es porque queremos que salgan bien preparados como personas responsables, que pueden ponerse metas y lograr esas metas en su vida de adultos”.

Muchas libertades

Si los alumnos entienden que las reglas están ahí para su propio bien, su relación con el profesor se vuelve mejor, indica la especialista, quien en los últimos años ha causado cierta polémica al decir que las escuelas están entregando muchas libertades a sus estudiantes.

Como ejemplo, Inger Enkvist menciona que cuando los jóvenes manifiestan no poder realizar un trabajo a tiempo, inmediatamente se les dice que pueden hacerlo más tarde. Si no quieren leer, se suele reducir el número de textos que estaban originalmente contemplados en el currículum. Y advierte: una parte muy grande de leer es la adquisición de vocabulario. Mientras más amplio es el vocabulario, más se entiende una materia, lo que permite hacer relaciones entre palabras, causalidades y cohesiones.

“Cuantas más palabras, más se entiende el mundo. Por eso, lo que pueden hacer las escuelas es insistir en la lectura, aunque el alumno diga que ya no es necesario”.

Fuente: El Mercurio

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