Yo quiero niños felices, no niños con 800 puntos PSU

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educacion emocional¿Por qué la educación emocional aún no es tema nacional? ¿Por qué las discusiones de educación en nuestro país aún se limitan a la calidad? ¿No es acaso una vergüenza que sean los mismos niños los que exijan educación de calidad cuando esta debiera ser un derecho ya garantizado por el Estado hace años? ¿Qué falta de respeto hacia el niño no nos estamos dando cuenta que cometemos al someterlo a esta educación mediocre, embustera y centralizada en el rendimiento escolar? ¿Cuál es el daño que se le hace a un niño cuando en el ministerio no se discute su bienestar socio-emocional, sino cómo aumentar sus puntajes en las famosas pruebas académicas anuales con las que presume nuestro país?

“Existe una creciente preocupación al comprobar el aumento de casos de niños angustiados y perturbados que no sienten motivación por el estudio.” (Cohen, 2003 en Milicic, 2009). Un niño desmotivado por sus estudios, que no le interesa ir a clases, que tiene “malas notas”, está muy lejos de ser sólo un problema numérico relativo a la educación académica, es una vergüenza que aún sigamos hablando de niños “porros” y niños “mateos” sin hacer hincapié en el verdadero tema que está detrás. Ni siquiera debería ser tema en discusión cómo hacerlo un niño “inteligente”, pues, el tema de trasfondo de un niño “porro” es un asunto de educación emocional. Que aún en este siglo, quienes dirigen los asuntos académicos del país, sigan enceguecidos (o quieran hacerse los ciegos) frente a esta problemática social, es una real pena.

Si efectivamente, en discusión va a estar el tema del rendimiento y de lo terrible que es la brecha educacional entre los colegios públicos y privados, podríamos hacer algo por motivar a nuestros estudiantes para su educación formal. Pero en lugar de ello, las políticas públicas de educación siguen siendo las de antaño, buscando estrategias de rendimiento académico que vienen de países competitivos como Japón, donde lo más importante es cuan eficiente resulta el estudiante en relación a sus estudios y no cuan eficaz es en sus relaciones humanas. ¿Será casualidad acaso que la mayor tasa de suicidio adolescente ocurra en ese país?

Un niño requiere contención, un niño requiere de amor, apoyo y comprensión a medida que va integrándose en el mundo académico. El colegio, es un ambiente ajeno a lo que ha vivido, un ambiente en el que está obligado a adaptarse y a seguir una serie de normas que lo restringen y que no colaboran con su ser libre y auténtico, como lo es el de cada niño. “Todo niño viene programado para la armonía y la felicidad” (Céspedes) y en esta felicidad, la coerción de sus capacidades creativas en virtud del aprendizaje intelectual de las materias “importantes” (léase lenguaje matemáticas ciencias naturales y ahora inglés) no es parte de ello.

Si nos pusiéramos realmente en el lugar del niño y viéramos a lo que sometemos al pequeño al obligarlo a asistir a un colegio, quizás podríamos entender por qué las notas jamás debieran ser un tema en discusión entre los pequeños. El niño aún está aprendiendo a relacionarse con otras personas, algunos, dependiendo de su primera infancia en casa, tienen mayor o menor facilidad para expresar sus necesidades, y si en este contexto, encima les aplicamos la presión del rendimiento académico, acabaremos teniendo estudiantes desmotivados, con deficiencia en el desarrollo de sus habilidades socio-afectivas y que además no rinden lo que el país quisiera.

Chile es un país con una educación promedio bastante aceptable para lo que es Latinoamérica. Muchos de nuestros estudiantes son exitosos en el extranjero y algunos consiguen puestos internacionales. La mayoría de esos niños sobre el promedio de Chile, obtuvieron significativos puntajes en las pruebas estandarizadas nacionales (SIMCE, PSU) así como también accedieron a los colegios particulares pagados más caros del país, vienen de las familias más adineradas del país, viven en las comunas más ricas del país. Y no es una discriminación ni un resentimiento contra estos niños bien educados. Yo soy casi una de esas niñas bien educadas, y me alegro mucho que haya niños que efectivamente, tuvieron una educación de calidad y logran conocer el mundo y triunfar. Pero sí me pregunto qué pasa con la educación de esos otros niñitos, esos que no pudieron pagar una educación de calidad, que no pudieron acceder a un colegio privado, que no estuvieron en una clase personalizada, que no pudieron quedarse a las actividades extra-programáticas culturales porque era peligroso volver a casa luego, que no tuvieron ni atención ni contención suficiente en casa, que no los fueron a buscar mamá en auto al colegio, sino esos niños que con suerte 8 años tenían que ir a tomar micro para regresar a su casa, poseían la llave de su casa, cocinaban para sus hermanos más chicos, esperaban a la mamá que volviera tarde del trabajo, y no tenían tiempo para hacer otras cosas más que ir de la casa al colegio y del colegio a la casa.

Porque sí que es bello hablar de objetivos transversales en educación y todas esas cosas bonitas que escribe la gente del ministerio en sus libros, realmente que son bellos y si somos ignorantes o extranjeros, los leemos y nos creemos que eso que dicen los planes y programas se cumplen a cabalidad en todas nuestras aulas, que los profesores tienen todo ese tiempo para realizar las actividades que se plantean, que los niños están tan bien resguardados por los establecimientos que al estar cubiertas sus necesidades básicas se permiten entrar a clases con las mentes limpias para el aprendizaje… MENTIRAS. Eso no pasa en nuestras salas de clases.

En las salas de clases a las que entró el niñito de 8 años que cuida a sus hermanos después del colegio se enseña lo que se puede, lo que el profesor alcanza a pasar, lo que el director le dice que debe pasar, lo que unos cuantos niños alcanzan y quieren escuchar.

Y todos los años, frente al poco acomodado sueldo de profesor, está el director del establecimiento ofreciendo bonos por puntaje, y el mismo Estado promueve la misma estupidez:

Más puntaje, más plata para el establecimiento… ¡¡¡¡¡BRAVO!!!! ¡Así sí que mejoraremos la educación de nuestros niños! Así sí que crearemos grandes estudiantes y personas para nuestro Chile… Una vergüenza.

Y he ahí el profesor, buscando estrategias poco sensibles pero que hagan que el niño aprenda bien de memoria todo lo que tiene que responder y así el Estado les asigne excelencia académica y se reparta un pedacito entre los profesores…

¿Quién se preocupa realmente de la educación emocional del niño? De motivarlo, de abrazarlo, de escucharlo qué problemas tiene en casa, por qué no quiere escuchar la clase, por qué no le interesa aprender, por qué está perdido… Un niño que no es eficaz en sus emociones, que no puede manejar lo que siente, difícilmente va a tomar la iniciativa de aprender algo en las clases, ni siquiera de poner atención a lo que el profesor está intentando enseñar.

Nuestro país, agradecidamente, es un país relativamente estable económicamente. Al menos las clases acomodadas así lo dicen y en general todos podemos ver que los problemas sociales que viven otros países hermanos son bastante mayores a los que nosotros vivimos. Por este caso, es que cuando un país está en crisis decide venir a probar suerte por acá. Ejemplo de esto son los infinitos inmigrantes de toda Latinoamérica que buscan una oportunidad en los lugares más insólitos de la capital e incluso en extremos regionales. Otro ejemplo es la “reconquista” que los españoles realizan actualmente en nuestro país, quienes en crisis grave para ellos, vienen a ocupar puestos interesantes en las compañías y empresas que aún siguen siendo de ellos. Bien Chile, bien. Pero no me quiero ir a otros temas.

La cosa es que incluso en un país en crisis como España, la educación no ha sido dejada de lado. Aquí hablamos de crisis e inmediatamente se acortan los presupuestos para salud y educación, se estancan las ideas, nadie invierte en temas sociales y suma y sigue. Sin embargo, con bastante agrado pude leer como en España se están buscando nuevas estrategias para la educación que mejoren la calidad de vida de los estudiantes desde muy pequeños. He ahí la educación emocional. Se llegó a la conclusión de que una buena manera de tomar la educación nacional española es desarrollar el ámbito psico-social del niño para que a través de sus propias herramientas, sepa salir adelante en las situaciones en que se ve inserto. En lugar de culpar a los profesores, padres, o al Estado, hacerse cargo de ver las soluciones a lo que le acontece.

Cuando un niño es educado en sus emociones, le permite desenvolverse en la sociedad y vincularse emocionalmente, relacionándose de manera saludable consigo mismo y con los demás.

En una investigación previa, realizada en Chile el año 2012, pudimos corroborar con mi colega, que, luego de un trabajo exhaustivo de varios meses, relacionado al desarrollo de habilidades socio-afectivas a través del juego dramático (teatral) con niños provenientes de contextos vulnerables (niños de un hogar de menores con padres en proceso judicial) los niños se mostraban con mayor confianza en sí mismos y por ende más dispuestos al aprendizaje de cualquier tipo. Uno de nuestros niños, que mostró los mejores resultados en la tabla de cotejos, en un comienzo, era un niño violento, que intervenía en cualquier pelea con el propósito de golpear y descargar su rabia en lugar de buscar otras vías de resolución. A veces se mostraba retraído y callado, demostrando bajos niveles de tolerancia a la frustración. Hacia el fin del taller había logrado desarrollar y mejorar en varias de sus habilidades socio – afectivas, transformándose en un niño amoroso, respetuoso, con cualidades de liderazgo, mediando ante los conflictos y siendo capaz de expresar sus necesidades y deseos.

A raíz de esto es que me cuestiono si realmente está yendo Chile hacia el país que quiere llegar a ser, si efectivamente existe un interés por mejorar la educación de nuestro país o si es simplemente un slogan para ganar votos. La calidad de la educación, creo muy personalmente, no debiera ser medida si la brecha académica disminuyó, o si los colegios de la periferia o de regiones han alcanzado puntajes importantes en la prueba nacional…al menos, no debiera medirse inicialmente por esto, sino que, la calidad de la educación debiera medirse si el estudiante que sale del aula tiene deseos de aprender, está cómodo en su establecimiento, posee relaciones sanas y gratificantes en su escuela, sabe resolver su conflictos de manera autónoma y pacífica, entre otras cosas. Básicamente, discutamos si el niño es feliz o no. Yo quiero niños felices, que se conviertan en adultos amables, justos y responsables, no niños que tengan 800 puntos PSU. Creo que eso, es lo que realmente importa.

 

• Cohen, J. (2003). La inteligencia emocional en el aula: Proyectos, estrategias e ideas.

Buenos Aires: Troquel.

• Milicic, N. (2009). Bienestar socio-emocional en contextos escolares: la percepción de

estudiantes chilenos. Estudios sobre Educación, 17, 21-43, Universidad de Navara.

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